FOTOS PINTADAS

viernes, 8 de junio de 2018

Libros de aventuras para leer este verano


Ya podéis ir preparando el lector y la cabeza, porque si estas estaciones que vienen, primavera y verano, se os complican (o sea, que os deja la novia o el novio, o en el trabajo se niegan a daros vacaciones, u os meten en la cárcel o en el hospital, o llueve..., o lo que sea), siempre podéis salvar el escollo y viajar, sí, viajar, aunque sea con los ojos de la mente, que tampoco es mala forma de hacerlo. Para ello, ¿qué mejor ocupación que la de leer libros de aventuras?


     A los que les gusten estos libros,  narraciones históricas o contemporáneas, les puedo recomendar este enlace, en donde se pueden ver unos cuantos y hay donde elegir:


jueves, 24 de mayo de 2018

Camargo Rain en Marte


 


Camargo Rain (planeta Tierra, España, siglo xx), de quien en ocasiones se dijo que era marciano –aunque en general se le tildara sólo de perro verde–, fue sucesivamente estudiante, ala pívot (en el colegio), cabo rojo, escritor de columnas periodísticas, aficionado a la cerveza y otras hierbas, cocinero y músico por afición, maestro de turistas, correcaminos, fotomatón, defensor de la gramática, observador de los cielos estrellados..., pero comenzaré de nuevo porque me estoy liando.
Camargo Rain, autor de este y otros trabajos (algunos larguísimos), a los dieciocho años comía piedras, y a los veinticinco hacía arroz como si fuera para el perro: lo echaba en una cazuela y revolvía...
(Tampoco. A ver ahora.)
Camargo Rain, que tiene de todo –menos vergüenza–, aparte de hacer un millón de fotos también ha ejercido otras industrias, de las que la menor no ha sido la de escribir novelas, unas ambientadas en la época actual y otras en la más lejana de las lejanías..., novelas de aventuras para quienes leen con los ojos, que es lo habitual, pero también para quienes lo hacen con los pies (deseando que dejen de hacerlo), que son abundantes; para quienes tienen hambre –que asimismo puede ser de lectura–, y para quienes de improviso necesitan un rato de diversión. En estos libros, por supuesto, no se aclaran todos los procedimientos para recorrer con bien los borrascosos senderos de la existencia, y mucho menos los modernos, pero sí algunos: los que a quien lo escribió (entre sesión y sesión) le parecieron más importantes.

El que quiera saber más, que mire AQUÍ.

jueves, 10 de mayo de 2018

Próxima superproducción medieval a cargo de Stanley Kubrick


Entrevista en un hotel madrileño entre Camargo Rain y Stanley Kubrick para un periódico español.


Una de las novelas históricas más relevantes de los últimos años (Dios conmigo, de Camargo Rain) ha sido elegida para pasar a formar parte de la histórica filmografía de uno de los grandes, Stanley Kubrick. Con tal motivo, ha sido el propio autor del libro quien ha entrevistado al célebre director americano.


Camargo Rain –¿Qué le ha llevado a interesarse por esta historia?
Stanley Kubrick –El paisaje, sobre todo, tanto el humano como el geográfico, y la luz de Castilla, que se dice en el libro.... Como usted sabe, en mis películas he procurado tratar cuestiones universales y controvertidas, como el pacifismo en Senderos de gloria, la libertad en Espartaco, la cosmología en 2001 o la concupiscencia, la más ardiente de las pasiones humanas, en Lolita. Atrás ha quedado Barry Lindon, que intenta contar las circunstancias de un cambio en el mundo anterior a la revolución francesa, que convierte al continente europeo en lo que hoy es, la cuna de la civilización industrial... ¿La madre, se podría decir?
CR –Si, supongo que sí.
SK –Aquella película, pese a sus buenos resultados, no quedó por entero a mi gusto, y hace tiempo que quería sacarme la espina. En Dios conmigo se cuenta una historia similar, puesto que gira en torno a un único personaje que prospera gracias a una dama, y también describe la llegada de una nueva era. Película de tiempos pasados, en cualquier caso.
CR –¿Cree usted que aquí se narra algún tipo de transición histórica?
SK –Sin duda, y una muy interesante, como es la constitución de un nuevo país en un territorio unificado, lo que resulta un empeño muy característico del medievo. Los españoles, y no le suene a coba, fueron los primeros europeos en llevar a cabo tal proeza, mucho antes que Inglaterra y, por supuesto, Francia, Alemania, Italia...
CR –¿Le interesa la Reconquista? ¿Ha leído sobre ello?
SK –Me interesa mucho la historia en general, y la Reconquista es una batalla larguísima, puesto que dura más de siete siglos.
CR –Y hablando del aspecto visual...
SK –Las batallas, como parte de la vida diaria de aquellas personas, son importantes y pretendo rodarlas en escenarios naturales, lo que nos va a llevar mucho tiempo, meses, quien sabe si un año completo... Para estos exteriores... (y se dirige a un ayudante que tiene al lado, quien le dice algo). ¡Ah, sí!: me han mostrado el otro día eso que llaman fortaleza califal..., la de Gormaz, creo que es, en Soria, y me ha maravillado. El emplazamiento es fantástico, y su estado suficientemente bueno. Imagino que allí podremos reconstruir la ciudad de Calatrava de que habla el libro. Además, he observado que está rodeada por tupidos y verdes trigales llenos de amapolas (la entrevista se realiza en primavera), y eso me ha dado algunas ideas. ¿No sueña tanto el protagonista...? Quizá se deba a los efluvios de esas plantas (y se ríe).



CR –Sí, yo también lo he pensado, pero he preferido dejarlo en tinieblas... (y cambio el tercio). ¿Qué le han parecido los cielos castellanos? ¿Ha visto algún amanecer?
SK –Es curioso que pregunte eso. Este es un clima estepario, seco, y la luz es muy limpia (hace un aparte: no en esta ciudad, claro), una luz magnífica, lejos de las brumas de los países del norte. En realidad, cualquier cielo es interesante, depende de lo que se quiera conseguir, pero aquí la atmósfera obliga. Se nota que este es un país recio, de contrastes... ¡Ah!, me ha preguntado por los amaneceres... Sí, hemos pasado varios días en los campos haciendo un primer estudio de esa luz, que por supuesto vamos a aprovechar.
Luego añade –Cuando se hace una película hay que ser meticuloso en todo, porque cualquier detalle puede echar a perder una toma, pero la fotografía es esencial. Tengo magníficos operadores, aunque en ocasiones prefiero mirar yo por el visor de la cámara. Quizá usted sepa que yo empecé con esto de la fotografía...
CR –Sí. Y yo también lo soy.
SK –¿Qué...? ¿Fotógrafo? Además de escritor, ¿es fotógrafo?
CR –Sí. En realidad ese fue mi primer oficio.
SK se arrellana en el asiento y exhala una bocanada de humo –Vaya, pues le diré que se nota en su escrito... Somos colegas, entonces, ¿eh?
CR (me río) –Bueno, tanto como colegas... Pero volviendo a la historia...
SK –Sí... Lo que se refiere a la vida cotidiana también me ha llamado la atención. Esa convivencia en campos y ciudades de tres culturas diferentes, que en el fondo era pacífica y sólo se manifestaba violenta con motivo del establecimiento de la frontera... Los amores del joven protagonista y la chica musulmana, esa que se llama...
CR –¿Alaroza?
SK –Eso es, Alaroza. Creo que esa es una parte que añade mucha sal a la historia, aunque los episodios puramente épicos, como las batallas de Alarcos y de Las Navas, o los escenarios de las ciudades medievales cristianas, Toledo, Burgos..., es lo que conviene acentuar, porque el cine es pura imagen. Sin embargo, esto no importa demasiado cuando se está empezando, que el mundo da muchas vueltas. Por ejemplo: habrá usted observado que en 2001, aunque es puramente visual y al principio la planteamos como la típica película de ciencia ficción, el resultado fue más bien filosófico. Por cierto, ¿la ha visto usted?
CR (de nuevo me río) –¿Que si la he visto...? Catorce o quince veces.
SK –¡Ah, ya decía yo que usted tiene cara de listo...!
(Suena su teléfono y SK se entretiene en dar voces en un particular inglés.)
SK –Usted me perdonará que hable tan disperso... Tengo en la cabeza varias cosas y lo confundo todo; esto me sucede siempre, con cada nuevo proyecto. Luego, por fortuna, el panorama va despejándose. Ahora, por ejemplo, estoy considerando el asunto de los trovadores. Su labor era muy elogiada, y tenemos buenos textos en los que inspirarnos. Lo que sucedía en las cortes de los reyes, el amor cortés, las cenas pantagruélicas, las ensaladas rellenas de enanos..., en fin, todo eso de que habla en el libro, que pueden parecer exageraciones, lo voy a tratar asimismo. Además está el mundo de los canteros y el de las herrerías, que me parecen muy propios para convertirlo en imágenes. ¿Se imagina una fragua y sus ocupantes, esa aura de chispas y de tizones, ese ruido...? Se puede relacionar con los dioses griegos y con la pintura del Renacimiento. De hecho, Vulcano aparece en varios cuadros de Rubens, y me imagino que nos servirá de inspiración... Los aspectos de la construcción de catedrales es también un asunto muy interesante.
CR –¿Piensa rodarla en España?
SK –Por supuesto. El territorio castellano, con sus páramos y desiertas inmensidades, resulta un escenario inmejorable para recrear aquella época, y eso nos va a ahorrar muchas reconstrucciones. Ya lo hizo Orson Welles en Campanadas a medianoche. ¿La vio usted también?
CR –Sí. Se filmó en las afueras de Ávila, y las murallas ocupan buena parte de los fondos de las escenas.
SK –Eso es, esa es la idea.
CR –¿Tiene algún nombre en mente para encarnar al protagonista?
SK –No, aún no. Hemos hecho varias pruebas con desconocidos, pero no hay nada decidido. En el libro se describe un personaje muy alto, de dos metros o más, lo que nos va a crear dificultades, pero quizá cambiemos eso, como algunas otras cosas.
SK se ríe cuando me dice –¿Quizá podría hacerlo usted mismo?
CR –¡No, yo no...! Ya lo intentó mi padre cuando nos hacía películas de pequeños, y aquello acabó siempre en desastre. Lo mío no es la interpretación, Mejor, búsquese otro; más joven, sobre todo.
(SK encarga otras cervezas a su ayudante –Que estén bien frías.)
CR –¿Y para Leonor, la chica de la película, que se dice aquí?
(SK no entiende la expresión y se la aclaro.)
SK –Estamos en el mismo caso. Supongo que recurriremos a alguien consagrado, y sobre el papel tenemos varias candidatas, pero de momento no hay nada. 
CR –La música es una pieza clave en sus películas. ¿Qué ha pensado para esta?
SK –El sonido es parte del espectáculo y no se concibe una película sin él, como no sea para añadir contraste. En este caso, sin embargo, no va a resultar difícil, puesto que las bibliotecas españolas guardan gran cantidad de piezas, tanto cristianas como musulmanas o judías. Además, cuento con el concurso de excelentes maestros y especialistas, de los que me interesa sobre todo el señor Savall.
Bebemos, y SK mira el reloj.
CR –Una última pregunta: ¿va usted a conservar el título?
SK –No lo sé. Dado que es una expresión propia de los cruzados de aquellos tiempos, quizá, pero resulta difícil expresarla en otros idiomas. Aún queda mucha labor, estamos en la preparación, y ese extremo se decidirá en su momento.
CR –Muchas gracias, señor Kubrick.
SK –De nada, ha sido un placer (y levantándose me da la mano). ¡Ah!, y no se moleste en pagar las cervezas, que me encanta invitar a los colegas –y riendo y con el ayudante siguiéndole, se dirige a la puerta del hotel, en donde hay aparcada una limusina descomunal.
–Jolín, cómo viven los ricos...

(CR)

 

domingo, 15 de abril de 2018

Primavera en las montañas


Las fotos que se vn a continuación están hechas en el lebaniego pueblo de Baró (y sus alrededores) durante la primavera del año pasado. Es un retrato del final de esta estación en las montañas de la cordillera cantábrica, lugar en el que hay de todo lo bueno (vacas, hierba, aire, campos, flores, soledad, silencio...) y casi nada de lo malo, a saber. humo, ruido, contaminación, prisas, apreturas... No sigo, que todos sabemos a lo que me refiero.









 

  

 Y si lo anterior no le convence, MIRE ESTO OTRO.

sábado, 24 de marzo de 2018

Esto sí que son fotos pintadas


Érase una vez... que no había photoshop. Sí, porque antes de esta era electrónica que vivimos hubo una larga época en que las cosas se hacían con las manos, y si se trataba de transformar fotos se recurría a pinceles, acuarelas, tijeras, lápices de colores, espráis, rotuladores gordos y finos, kalquitos... ¿Os acordáis de lo que eran los kalquitos?

A mí me dio por ahí, y me harté de emborronar fotografías hasta, con los años, conseguir unos resultados más o menos aceptables, algunos ejemplos de lo cual traigo hoy aquí para que se vea cómo era lo que cuento.

Casi todas las fotos que van a continuación son fotos en blanco y negro y viradas antes de pintar, unas al sepia, otras al azul y sepia, y otras al azul y rosa. El motivo es que se pintan mucho mejor (en realidad, se entonan) si se trabaja sobre copias viradas que sobre las que se dejan en su estado natural.

El enlace para verlo es el siguiente:



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   Y hablando de todo un poco, para los que les guste leer...:


   De paso, podéis mandar el enlace a quien queráis.

lunes, 19 de marzo de 2018

Nuevo libro GRATIS


Por si lo quieres descargar (sólo hablo de estas cosas cuando están gratis), desde el lunes 19 de marzo, día del padre, san José y etc., hasta el viernes 23 (así también se puede celebrar la llegada de la primavera), estará a tu disposición esto:

https://www.amazon.es/dp/B079TBP55B

Novela ambientada en la España de los Austrias, aquel abigarrado mundo de pícaros y descubridores, de señores y criados, de ovalados carros de seis ruedas, puertos de mar  y palacios de piedra rodeados de palmeras. Es el sur, donde abundan el vino y los perniles, las riberas del océano Atlántico.
Juan Rui de Velasco, antes llamado Abenasar, es un personaje de 1600. Traficante, contrabandista, músico, fabricante de salmueras, coleccionista de arte..., sus actividades se extienden por las orillas de ambas Indias, las orientales y las occidentales. Con el apoyo de personajes con influencia, y asistido por sus socios, entra en el negocio de los transportes terrestres, que entonces comenzaban de la mano de una familia judía favorecida por el rey, los Taxis, y de esta forma, para reconocer el terreno, se embarca en un viaje que le lleva a recorrer la península ibérica de sur a norte: es el viaje del morisco.
Juan Rui de Velasco tomó largas notas durante su viaje, y dejó escrito:
–Gótica Tierra de Campos, enorme y casi desértica extensión de la que anteriores y muy vagas noticias tenía, ahora te conozco, cuando nos acoges entre tus serpenteantes choperas y riachuelos, tus innumerables y escondidas aldeas y tus mil y mil colinas..., que complacido nos has y nuestras gratitudes nunca serán suficientes...
... y tras este preámbulo narraré el principal episodio, espiritual y recóndito suceso, que aconteció durante los días que digo.

En la amurallada población de Astudillo, mediado el mes de julio del año del Señor de MDCI.
Es de noche, y en las profundidades de una posada polvorienta, a la luz de un candil de aceite perfumado enarbolo la pluma y anoto lo que sigue:

En esta tierra de mieses y nubes blancas, en la que un claro tiempo nos acompaña, he descubierto el secreto mejor guardado.

...

De manera paralela, aunque en el siglo XXI, varios personajes de fábula que tienen el castellano de idioma común, van a alumbrar las huellas de aquel viaje, tan lejano en el tiempo..., lo cual tiene lugar en diversos escenarios, tales como la Puebla de los Mártires, la campestre Ucrania, la ciudad de Londres o el estrecho de Mesina.

El enlace para verlo o descargarlo es este:


PS: Se agradecerán los comentarios u opiniones puestos en la página del libro; lo digo como siempre, aunque ya sé que es predicar en el desierto.

miércoles, 14 de febrero de 2018

Una novela es un discurso interminable



Recursos para escritores

Una novela, una narración de hechos (a veces incluso de carácter fantástico), no es en el fondo más que un discurso de alguien que quiere contarnos lo que se conoce como una aventura (o una batalla para los redichos).

Esta aventura tiene que tener un desarrollo lógico, tanto en el tiempo como en el espacio, so pena de que el lector se pierda y lo aparte hastiado, y de ello se deduce que todas las novelas tienen una estructura, un esqueleto, una relación de las partes o capítulos que se suele conocer como índice.

Por lo tanto, tan novela es La isla del tesoro (Stevenson) como Desciende, Moisés (Faulkner), Las novelas de Torquemada (de Galdós, en la que el título lo indica expresamente) o Cristo versus Arizona de Cela, por más que sean muy diferentes.

Otra de las características de las novelas es que siempre existe un narrador. Si se escribe en tercera persona, este narrador es alguien, ajeno a los personajes, que lo cuenta. Si se escribe en primera, qué decir...; ni siquiera es ajeno a los protagonistas, sino el protagonista principal, y si se escribe en segunda... a lo mejor resulta que el narrador se está mirando en un espejo y habla consigo mismo: tú siempre has dicho que...

En todo caso es un discurso de alguien que se empeña en contarnos un hecho o sucesión de ellos en forma discursiva.

En vez de seguir con esto, voy a poner el ejemplo de un personaje que larga (es decir, habla incesantemente), o desgrana un discurso inacabable. Dice así:



[...]

... encontrándome tan acorde con la placidez del momento y lo que me rodeaba, comencé una perorata que me iba a llevar lejos, muy lejos...

–Puesto que se empeña en experimentar conmigo, mientras llegan los convidados le corresponderé con una historia. Es una historia extraña, pero no importa, pues supongo que usted, tan aficionado a lo irregular, la apreciará.

Hice una pausa y dije,

–Yo viajé en el convoy de Indias, sí, y en tiempos muy remotos visité los harenes de los heresiarcas musulmanes que enviaban esclavos a América desde el golfo de Guinea. Allí tuve amores con la negra Esmeralda, muchacha de pocos años de la que llegué a enamorarme, aunque ella prefería a los eunucos... Sin embargo, no se lo reprocho, pues mi fogosidad era propia de la incontenible juventud, y ya sabe usted lo que sucede en tales casos.

El notario me miraba divertido, y yo continué.

–En tierras cercanas al Matto Grosso, por el precio de un inigualable rubí compré una niña que no me quería, y cuando me llegó la edad de la cordura, en vez de enamorarme de mi mujer, como hubiera sido de rigor, lo hice de mi cuñada, Inés, la experta violinista que me instruyó en las virtudes y beneficios de las olas del mar. Luego huí de ellas en pos de la revolución, porque nada es para siempre, y encontré a Isabelle, campesina en París y anónima mártir del progreso. Más tarde a mi mujer inglesa, la divina Alessandra, que me dio dos hijas rubias y con los ojos tan azules que parecían violetas... Sí, eran muy parecidas a mi señora la marquesa, la marquesa de los ojos violetas, a quien en buena hora conocí en su mansión dieciochesca de la plaza fuerte de Ciudad Rodrigo, que usted sabrá dónde está... También podría hablar de Dolores, india pueblo con sangre de extremeño en sus venas, y de Doloritas, que me enseñó a tejer cestos; de la farera del fin del mundo, que llegó cargando con un piano desde su ciudad barroca del imperio austrohúngaro, o de mis amigas oceánicas, Alción y Merope, componentes de las celestes Pléyades, como todos sabemos..., y hasta del aya, que dio su vida por mí, aunque eso sea remontarse a la prehistoria.

Luego, bajo el sol de la tarde, me quedé pensando.

–¿Por qué me habré acordado de las mujeres...?, porque mi vida no se circunscribe a ellas, sino que se extiende por la superficie entera de los continentes, todos los cuales visité..., y lo que he nombrado tampoco es lo más antiguo de lo que podría hablar, pues a mi cabeza vienen las luces de las mil velas que iluminaron las calles por la que discurrió el cortejo que me llevó a la catedral a sacramentar..., hace muchísimo tiempo de eso, y el sistema métrico decimal, que me tocó transportar a tierras de seres atrasados, y la jara de la sierra de la Peña de Francia, cuya resina sirve para fabricar los perfumes ambarinos que mi madre quemaba en las estufas de nuestra casa de la vega del Águeda. ¡Y el niño salvaje también, Silvestre, y el prior del convento de Úbeda!, personajes importantes en mi vida..., y Mendoza, que me llevó a conocer al mensajero de los Dioses y me enseñó a encender fuego con hielo... Podría hablar de tantas cosas que le aburriría, pero no es esta mi intención, así que sólo le mencionaré el final, como fue mi estancia en el océano Índico en persecución de las mil y mil especies de aves que en este planeta existen, la explosión del Krakatoa, la larga y fructífera época de robinsón y el milagroso salvamento por un barco inglés que contra todo pronóstico me ha devuelto a Europa...

Hice una larga pausa, y al final añadí,

–Qué..., ¿qué me dice usted de esto? Algún día escribiré esta historia, pero no sé cuándo llegará el momento –y el notario, suspenso ante la retahíla, soltó la carcajada y se quedó mirándome de hito en hito.

–¿Sabe que es usted un enorme fabulista...? No conocía esa faceta de su carácter, pero podría ganarse la vida con ello, pues lo cuenta como si lo hubiera vivido –e hizo girar en el aire la contera de su bastón, que nunca abandonaba, y luego, tras una comedida pausa, me miró serio y dijo–. Pero ahora, compórtese, que me parece escuchar la llegada de los invitados.

... como así en efecto sucedió, viéndonos de inmediato rodeados de señoras lujosamente vestidas acompañadas por maridos, hijas e hijos, pues también les acompañaba algún petimetre, que introdujeron en la soleada estancia los criados.

[...]



(Lo anterior pertenece a uno de mis libros, el que se llama Perpétuum móbile.)



Y por hoy lo dejo. El que quiera saber más, que mire en ESTE SITIO

viernes, 26 de enero de 2018

«Ojos azules», extraña novela histórica


Post para lectores
Los libros que forman la capa papirácea de este siglo, como dijo un sabio, nos vuelven locos con su mucho hablar de los grandes hombres, de si hicieron esto o lo otro, o dijeron tal o cual cosa. Sabemos por ellos las acciones culminantes, que siempre son batallas, carnicerías horrendas o empalagosos cuentos de reyes y dinastías, que agitan al mundo con sus riñas y casamientos, y, entretanto, la vida interna permanece oscura, olvidada, sepultada. Reposa la sociedad en el inmenso osario sin letreros ni cruces ni signo alguno; de las personas no hay memoria, y sólo tienen estatuas y cenotafios los vanos personajes [...]



Esto lo escribió Pérez Galdós en El equipaje del rey José, el undécimo libro de sus Episodios Nacionales, y es buena descripción de lo que me traigo entre manos, Ojos azules,
novela histórica de nuevo cuño, puesto que no aparece ninguno de esos reyes, emperadores o grandes hombres, sino antes bien anónimos personajes de la historia que tantas veces hemos leído, los cuales nos llevan de la mano, cada uno por su época, mientras nos narran peripecias de la vida de entonces.

OJOS AZULES es una narración novelada sobre algunos de los episodios que nos han conducido hasta aquí. ¿Quiénes fueron nuestros ascendientes, aquellos seres que hace miles de años (o incluso millones) vivieron antes de nosotros?

Por estas páginas desfilan muchos de los que nos precedieron, desde las simples flores o las zarigüeyas del Eoceno, a los hombres de la Edad de la Piedra, los cazadores de las llanuras, los primeros agricultores, los sumerios, fenicios, romanos y bárbaros de que habla la historia, y también los hombres medievales, los que conquistaron continentes y aquellos otros que durante el barroco pusieron en marcha la actual era de las máquinas.

Todos fueron nuestros antepasados, y en este libro, valiéndonos de una estructura episódica, se habla de muchos de ellos, y de las penas y alegrías que conformaron sus vidas y han dado origen al mundo que conocemos.

¿Y dónde se puede ver semejante libro? AQUÍ, aunque en ESTA OTRA DIRECCIÓN hay más cosas.

 Una fantasía plenomedieval