FOTOS PINTADAS
de Camargo Rain
miércoles 11 de enero de 2012
Carretera en los Andes
Esto, aunque no lo parezca, es una carretera que recorre una ladera. Está en mitad de Sudamérica, y la tomé en uno de mis numerosos viajes alrededor del mundo (ja ja, que dicen por ahí)... Bueno, no, voy a decir la verdad: este es un tramo de la carretera que desde Bárcena de Pie de Concha (historiado nombre) sube al pantano del Alsa, todo lo cual se puede decir que está en el valle de Iguña, un poco antes de entrar en las famosas Hoces que tantos disgustos nos causaron. Por decirlo ya todo, fue Fernando VI, allá por los mediados del siglo XVIII, quien construyó la carretera que pasa por las mencionadas Hoces, obra ingente para la época. Como de costumbre, la foto se ve mucho mejor si se hace clic sobre ella.
jueves 15 de diciembre de 2011
Otra vez la isla de Mouro
Al final, nada; mucho ruido y pocas nueces. Ni temporal huracanado, ni galerna, ni cosa que se le parezca; había bastante mar de fondo, pero eso era todo. Una plácida mañana de suroeste perfecta para tomarse una cerveza en el soleado bar donde se cogen las pedreñeras, lugar en el que, como es lógico, no había nadie: estaban todos esperando a la ola, que, vaya por Dios, no vino. Otra vez será.
(La foto se ve bastante mejor haciendo clic sobre ella. Lo digo porque hay gente que no lo sabe).
martes 15 de noviembre de 2011
La isla de Mouro (Santander, España)
martes 11 de octubre de 2011
Baño al atardecer
lunes 29 de agosto de 2011
Reunión en la hierba
viernes 17 de junio de 2011
Qué paisajes españoles busca la gente en internet
sábado 14 de mayo de 2011
Mis fotos en Panoramio, Google Earth y demás
martes 19 de abril de 2011
Personajes de mis novelas
dos hermanas que se llevan veinte años y protagonizan
la novela denominada "Crucita y yo".
He colocado una nueva página en internet hablando de los personajes de mis novelas. Estos son muchos, ya que he escrito varias, y aunque no tienen una fisonomía definida, puesto que cada uno de los que lee se los imagina de una manera diferente, he querido dar mi particular punto de vista sobre la cuestión. Hay que tener en cuenta que son mis hijos, puesto que los he creado casi de la nada (o me los he sacado de la manga, vamos...). Al principio -como se dice allí- había una hoja de papel en blanco, y luego, con el paso de los meses...
El enlace para ver esta página, que es corta, aunque sustanciosa, es:
miércoles 23 de marzo de 2011
La chica en la que continuamente estamos pensando
domingo 6 de marzo de 2011
El siglo XX español en fotos
jueves 13 de enero de 2011
Exposición fotográfica el día de los Inocentes
Aprovechando la Navidad, y el día de los Inocentes, he hecho una exposición en un bar de mi pueblo. Eran 126 fotos, casi todo retratos, algunos antiguos –que es lo único que se vende–, y para que los interesados en esto de la fotografía se ilustren acerca de cómo fue la cosa, aquí debajo pongo algunas.
sábado 11 de diciembre de 2010
Vida de un escritor
Mi más que modesta carrera literaria es como la de tantos otros. Durante largo tiempo escribí aquí y allá: en los blocs del colegio, en los márgenes de los libros, en cuartillas de tela, en las paredes… Luego las cartas a las novias… Más tarde, sesudas disquisiciones acerca del sentido de la existencia (sobre todo cuando alguna novia se iba con otro) y no menos retóricas consideraciones sobre el devenir de los asuntos en general, en especial los susceptibles de arreglar el mundo. ¿Quién no ha recorrido ese camino hacia el oficio literario? Todos somos escritores.
Tiza, pluma, bolígrafo, vulgar resto de lápiz, anciano ordenador que me miras desde la vitrina de los recuerdos (era un 286)… Tales fueron las herramientas, y la abundancia de café, alcohol y otras hierbas y esas chicas a las que llamamos «inspiraciones».
Al fin, cuando pasan los años y retorna la soledad, esa soledad que nos abandonó durante la juventud, un buen día te ves reflejado en un escaparate y piensas, podría escribir algo… ¡Sí!, podría escribir algo en serio…
Yo me puse a la tarea a mediados de los años noventa del pasado siglo, y lo primero que parí, tras doce meses de ímprobos esfuerzos, frecuentes tientos a las sustancias que cité e innumerables vueltas adelante y atrás, fue un refrito de cosas anteriores (algunas muy anteriores) al que endosé el circunstancial nombre de Viaje al verano.
Tenía 240 páginas, que entonces me parecieron muchísimas, y contaba (y sigue contando) la historia de una noche de San Juan. ¡Qué orgulloso estaba yo de mi libro!, y durante mucho tiempo mi principal preocupación fue que no se borrara debido a algún accidente inverosímil.
Tras un intento fallido de repetir la operación (es decir, organizar un nuevo refrito con las sobras), me dije, ¿y ahora qué? Se han ido tus amigos, Mariquita, el tío Pepe, Emilio el pasta, los piratas de las gafas de sol… Todos se fueron, allá se quedaron, en las páginas de un libro que se cerró: es preciso abrir otro.
Mi segunda novela (según una idea feliz que tuve uno de aquellos días en que no sabía escribir novelas) iba a tratar de la sicodélica odisea de un astronauta que se queda colgado en una órbita solar, no más de 200 páginas, y a ello me puse con todo ahínco, tarea que me entretuvo algo más de dos años. Al final tenía 900, y el astronauta sólo aparecía hacia la mitad y como un personaje secundario. ¡Eduguá, la negra y el cachalote!, inconfundibles seres de una fábula moderna y larguísima, coparon todo el espacio dedicado a expresarme, y todos hablaron en primera persona…
Con la tercera me volvió a suceder lo mismo (¡qué tiempos aquellos!), y es que una vez que hubimos sobrepasado el siglo y el milenio, una vez que hube acabado la redacción de aquel cuento ingente al que llamé Europa barroca, de nuevo me dije, y ahora, ¿qué?
Entonces nació Crucita y yo, lo que había de ser una novela costumbrista, galdosiana (por decirlo así), una novela cruda y muy actual. Aparecía una chica que desde el mismo limbo de los años sesenta conseguía asentarse en este planeta, y en sus más altas esferas… Baldío intento, como los anteriores. El resultado fue un monumental relato de 700 páginas, que, eso sí, conservó (y sigue conservando) el mismo título, y como era muy largo lo partí en dos, y de allí nacieron La efímera vida de Nastasia, polifacética muchacha de la Ínsula Barataria que murió joven y Crucita y yo.
¡Pues no hemos dicho nada…! Estamos hablando de 1800 páginas de texto, a razón de 350 (por término medio) palabras por página. En definitiva, una locura.
Aquello lo acabé mediado el 2003 (tengo motivos para recordarlo), pero antes de llevarlo a su término ya sabía cómo iba a continuar mi existencia: con la narración de la vida de un personaje tan peculiar como Juan Evangelista, niño diablo, hijo del cometa y lobo solitario. Desde entonces…, aquí me tienen ustedes, intentado dar fin a la vida de este personaje inacabable, personaje que vivió alguno más de trescientos años…
Pero no se den por convencidos, pues mientras Juan Evangelista campa a sus anchas por la superficie del Universo Mundo (que él dice), puesto que las novelas nunca se escriben de un tirón, aún he tenido tiempo para concluir los Animales y otros fenómenos eléctricos, aquella narración que intenté infructuosamente llevar a buen puerto tras el Viaje al verano y tuve que dejar bailando debido a mis limitaciones. ¡Cinco o seis años después!
Aunque lo que digo tampoco es todo ni lo último que sucedió. ¿Quieren creerse que durante el verano de 2005, debido a la colisión con una nube de cervezas y otras sustancias, me saqué de la manga lo que al final iba a conocerse como Las estaciones? Pues créanselo, y si no, peor para quien esto lee.
* * *
Aquí me tienen. Nos contempla Juan Evangelista y sus trescientos años (Edad de las tinieblas, Siglo de las luces y lo que está por llegar, que no será parvo) pidiendo paso. También Hannah la marciana y los mutantes de Cita en la llanura (un western futurista) descontentos de su suerte, y yo mismo –o mi otro yo–, que desde el lado contrario del espejo me grita, «la labor comercial, la labor comercial…».
* * *
Nunca oí tanta música…
(ni mejor música, a lo que muchos contribuyeron, aunque citaré tan sólo al gran amigo de todas las personas, Johann Sebastian Bach)
… como durante los años que ha durado esta etapa de escritor, y a ello estoy agradecido. El imbuirte de músicas reestructura la cabeza de una forma que resulta muy difícil de explicar. Deberíais hacer la prueba alguna vez, aunque, eso sí, hay que ser muy constante y porfiado. Es media vida, o una vida entera.
Saludos de Camargo Rain.
* * *
Nota final: lo anterior lo escribí para un blog, probablemente hacia el principio de 2006, es decir, hace ya cinco años. Por pura casualidad lo he encontrado en donde menos lo esperaba, y aunque durante estos cinco años han sucedido muchas cosas (literarias y de las otras), no me ha parecido mal traerlo de nuevo a colación por si alguien se siente retratado o deriva en enseñanza para quienes quieran tomar nota. De paso os dejo un par de enlaces que os llevan a explicaciones de parecido tenor:
viernes 5 de noviembre de 2010
Poema de tu prima
Trucos diversos sobre el arte literario; capítulo 3
lunes 4 de octubre de 2010
Fotógrafo de bodas y otros sucesos
sábado 4 de septiembre de 2010
Un lugar en las antípodas
Esto podría ser la Patagonia, o también un rincón escondido de las Indias orientales –el archipiélago malayo, como es sabido–, o incluso algún lejano paraje dejado de la mano de Dios y sito en el mar de Barents o en los ingentes océanos que rodean a las enormes islas de Nueva Zelanda, ¿por qué no?
Este es un lugar cualquiera del planeta Tierra, aunque un lugar privilegiado, pues no hay más que contemplar esa hierba sobre la que te puedes arrojar...
Este es un lugar de las antípodas, pero de las antípodas del alma, porque esta foto, en realidad, está hecha en el norte de la España libre de humos y maquinismo, que también existe; un lugar de temperaturas suaves y mar a veces tempestuoso, aunque en la foto no lo parezca; y añadiré que en esa ribera tan sugerente y a propósito para olvidarse de las preocupaciones e irse a dormir, se pescan peces de buen tamaño y se cosechan mariscos de enjundia...
¿Lo he explicado bien esta vez? Me imagino que se me habrá entendido, y es que lugares interesantes hay muchos, sí, pero es preciso molestarse en encontrarlos.




















