lunes, 10 de agosto de 2015

A propósito de los ferrocarriles





Todo aquello que se refiere a los ferrocarriles, como los trenes, las vías, las estaciones, la gente que encuentras en el camino..., son sujetos muy fotogénicos y a los que se ha sacado harta punta con esto de la fotografía. Como yo he viajado mucho en tren, sobre todo en épocas antiguas, también tengo muchas, pues es inevitable hacerlas cuando estás embarcado en uno de esos viajes que a veces se convierten en aventuras que recordarás largo tiempo. Sin embargo, que nadie piense que se trata de fotos normales, de esas de vías de tren paralelas en una estación (teleobjetivo) o cosas por el estilo, que es lo que se lleva ahora, pues, para empezar, casi todas son bastante antiguas (incluida una que hizo mi abuelo). Además, aquí se recrea la vida misma y las personas que la protagonizan, a veces veladas, sí, y otras en sazón, pero es que, si se tiene en cuenta que los ojos ven más que la cámara –esto no hay que olvidarlo nunca–, pues claro, sucede lo que sucede. En fin, y como para muestra basta un botón, la dirección es esta:

https://docs.google.com/presentation/d/1vg2ZmAVLNCV4saMFRs449XXyqp5fzr2iTZpWUWcX6VA/

viernes, 10 de julio de 2015

Correría por Castilla




Lo que sigue pertenece al último de mis libros, el que se llama Correría por Castilla y detalla un viaje por los caminos de sirga, aventura en la que me metí durante el verano que ha transcurrido. Después de escribir un montón de novelas, caigo en la cuenta de que aún no he tocado el género libros de viaje, y me ha divertido hacerlo; claro, que la excursión ha valido la pena.
Del contenido, unas doscientas y pico páginas, he extraído tres que se sitúan al final, y aquí las pongo a modo de ejemplo. El protagonista protesta, pero no es para menos, pues tras diez días recorriendo campos casi deshabitados y tratando con las gentes castellanas, ¿se imaginan ustedes lo que es volver a la civilización y sus usos? Son asuntos tan dispares que me parece que en realidad refunfuña poco, que mucho más podría decir..., pero, en fin, dejémoslo así por el momento.

...

[1]

El tramo que recorro no es muy sombreado, aunque paso por una esclusa con su correspondiente y enorme fábrica de harina, esta en plena labor –a juzgar por el ruido–, pero lo que más me sorprende, sobre todo al final, es que conforme me aproximo a la ciudad comienzan a aparecer indicios de lo que llamamos civilización. Sí, porque por aquí la gente no saluda, es curioso. Me cruzo con dos o tres corredores modernos de esos que visten de colores, llevan auriculares y –lo que se deduce de su aspecto– entre col y col frecuentan los gimnasios, y ninguno dice una palabra; ni miran. Ellos, a lo suyo. ¡Qué diferencia con las personas que hasta aquí he encontrado!, porque la gente del campo de Castilla, la gente con la que me crucé en el camino, mira tú por dónde, es de lo más amable que pueda uno imaginar. Todos saludan atentamente, se interesan por lo que haces o dejas de hacer, te aconsejan lo que les parece más conveniente y, llegado el caso, te invitan a tabaco o a una caña.
–Bueno, o a una paella.
–Desde luego; o te llevan a una multitudinaria fiesta del barroco regada con champán e iluminada por un sinnúmero de velas colocadas sobre candelabros.
–Ya. Esto último ha sido el no va más. ¡Menudo colofón!
Y de esta manera, sin hacerme eco del mutismo de quienes están imbuidos por los antipáticos usos de las ciudades, con las imágenes de la fiesta de anoche bailándome ante los ojos hago caso omiso y acelero el paso.
–La verdad es que una rusa bien traída te puede poner los puntos como una moto. ¡No sabéis lo que os perdéis, esclavos!

...

[2]

En las terracitas de la gran calle sólo encuentro avisos de comida basura, es el verano en la ciudad y la gente me mira con recelo porque pocas veces se ve a alguien con una mochila a cuestas por vías urbanas.
–Y menos con alpargatas.
–Pues no sé qué tendrán que decir, que esto es lo único que veo que sea genuinamente de la tierra. ¡Menudos traidores! Se han pasado al enemigo... Míralas, todas con bailarinas...
En un paso de cebra se me atraviesa un gracioso que tiene mucha prisa, un calvorota de veintipocos años con camiseta negra de tirantes que va en un descapotable diminuto y hace como que no me ve, va mirando para Cuenca y a lo mejor es verdad que no me ha visto, que mucha cara de espabilado no tiene; lo más seguro es que le hayan dado el carné en una tómbola.
–Ya; hay gente pa todo.
Si uno se fía de las encuestas llega a la conclusión de que el urbanita es un ser muy fino, respetuoso (hay que tener más respeto, dicen a veces con unción los cursis), legal y superguai, y cuyas principales aficiones son la lectura de libros y las audiciones de música refinada, pero a poco que se escarbe resulta que este es un territorio de necios, de ineducados y analfabetos que repiten como cotorras las consignas que aprenden en la tele, y como ovejas se acercan a las urnas el día que les han señalado, y cuyas verdaderas aficiones, como todos sabemos, son en realidad el fútbol, el cotilleo y la pornografía, y luego se atreven a infamar, o lo intentan, las tierras libres que tienen aquí al lado, que ni siquiera conocen, en donde canta la alondra y el águila se remonta, y las hojas de los álamos, y el ruido del agua que corre, llevan a sus últimos extremos las melodías susurrantes que son las únicas que no dañan los oídos... En fin, el mundo al revés.


...

[3]

Pasa una nube.
–Pues hete aquí de nuevo. Se acabó la excursión.
–Ya... Se acabó el camino infinito pleno de lugares solitarios y misteriosos, y los pueblos de piedra, adobe y ladrillo, y las gentes sencillas y bienintencionadas y los animales del mundo casi deshabitado, las rapaces que cuando pasas alzan el vuelo desde las ramas más altas y los pajarillos que sin cesar pían y revuelven con sus continuos juegos, y las ranas que se arrojan al agua ante la presencia extraña... Y los gallos que anuncian el amanecer, y los sapos y las cigarras que cantan por la noche a la luna y las estrellas, el Triángulo del Verano y tantas otras que tardarás en volver a ver...
–Y a los planetas.
–Sí, y a los planetas, y a las estrellas fugaces que de lado a lado del firmamento trazan su rauda luz... Se acabó todo eso, aunque esperemos que lo que se avecina sea tan sólo una situación pasajera, una mínima pausa entre dos revoluciones, porque las revoluciones, lo que son las cosas..., se llevan dentro.


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También se puede ver esto


y esto otro


miércoles, 10 de junio de 2015

Una de mujeres



Hoy voy a hablar de la Orquesta audiovisual de Villagarcía de los Caballeros, entidad emparentada con el Comité del Tigre, instituciones ambas dedicadas a la educación, en especial la musical, y las obras públicas, que, como se sabe, son fuentes de progreso.
Para ilustrarlo voy a poner un trozo de uno de mis libros (este no es más que una historieta de cincuenta páginas que se llama Dos veladas musicales, aunque pasan muchas cosas...), y como se va a ver, es también una apología de las mujeres.

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TEXTO:

Esta es la composición de la que durante muchos años fue la Orquesta de Villagarcía de los Caballeros:
Falla, pianista.
Ringo, percusionista.
Pancho, guitarra.
Charli: toca el bajo, lo que no quiere decir que sepa, y aunque su principal mérito –en esto de la música– estriba en que es el hermano gemelo de Pancho, hace lo que puede y no sale mal parado; tiene buenos maestros, de todas formas.
Falla y Ringo son profesionales de las academias, los conservatorios y las orquestas, y saben latín. Pancho no tanto, pero estuvo quince años en un conservatorio y luego no ha dejado de tocar un solo día.
–¿Qué tal vamos?
–Bien. Se le ha entendido todo.
Bueno, pues así están las cosas. Estos se reúnen de tanto en cuanto (a veces cada mes y medio o dos meses) para tocar juntos, en general con motivo de los puentes, que es cuando la gente puede hacerlo...
–Ya. Está la cosa muy mecanizada.
–Pues sí, pero hay que adaptarse.
... y aprovechan para celebrar, paralelamente, jornadas gastronómicas.
–Es que es lo mejor que hay.
–Y más con un buen vino...
Todo esto sucede en una casa de un pueblo, una casa antigua pero moderna, o modernizada, pues por el lado de levante le ha brotado un apéndice a modo de cristalera, o invernadero, que talmente parece que surge de las rojizas y antiguas piedras de la fachada.
–Bueno, lo he arreglado un poco, y es el mejor cuarto en verano. Sólo le da el sol por la mañana, y tampoco de plano, que están la tapia y los árboles más allá de la huerta y siempre tapan algo, y luego queda en sombra y permanece únicamente iluminado por las luces reflejadas desde las casas lejanas.
–¡Hay que ver...!
–Desde luego, ya le digo que es el mejor cuarto de esa casa. En él se pueden hacer maravillas.
–¿De qué tipo?
–Pues maravillas universales, de las que no salen en las hojas de los periódicos dominicales sino que cada cual las lleva dentro.
–Bueno, si es así...
–Pues sí. En el cuarto de marras, que más que un cuarto es una enorme y alargada habitación, aparte de otros muebles, mesas, estanterías, etc., hay dos grupos de sofás: uno enorme y lleno de recovecos ante el ventanal desde el que, cuando está claro, se ve –aunque lejos– el pico de Almanzor(u otro cualquiera), y el otro (el otro grupo de sofás), que no es tan grande, detrás, al fondo. En lo oscuro, que dirían las niñas.
–¿Qué tal?
–¡Huy...!, me encanta. ¿Y aquí es donde tocáis?
–Sí, ya lo ves.
–¡Jo...!
La habitación tira a marrón, es de paredes ocres, mucha madera, dos niveles porque hay unos escalones...; también mucho sofá, dos grupos de ellos..., pero de esto ya se ha hablado.
Lo que se intenta contar fue lo que sucedió cuando se juntó la orquesta de Villagarcía de los Caballeros (Falla, Pancho, Ringo, Charli) con las sobrinas de Falla. Era un sábado.

[...]

Las sobrinas de Falla son tres. La mayor se llama Candelaria; tiene veintidós años, toca el piano, como su tío, y lleva desde los seis en el conservatorio. Las otras dos son gemelas –o mellizas, aunque son casi iguales– y tienen dos menos, también de conservatorio. Estas niñas, que son flautistas, se llaman Teté y Miranda.
Las sobrinas de Falla son unas chavalas guapísimas, por decirlo en plan fino, y cuando se bajaron del coche, después de un largo viaje de tres horas, salieron despendoladas y lo primero que hicieron fue dar besos a todos.

[...]

Las mellizas han dejado las flautas y cantan contorsionándose y dando palmadas mientras leen las partituras. Teté no da algunas notas bajas.
–¿Y a ti qué te pasa? –le pregunta su tío en una de las pausas.
–No sé. Será el catarro.
Aquella primera vez tocaron todo lo que se les ocurrió, Bahía, Proud Mary, Oh! Carol, Corazón loco, Pretty woman, Roberta, Runaround Sue e incluso esa que se conoce como My way; todo muy salteado.

[...]

Y esta sería buena ocasión para preguntar,
–¿Y cómo suena el rock and roll tocado con dos flautas solistas?
–Bueno..., ¡fantástico...! ¡No veas las cosas que fueron capaces de hacer con el Mary Lou...! Y a dúo, ¿eh?... Que lo diga Ringo.
–No, sí, estas saben leer... Además, a las niñas les gusta mucho.
–¿Cuál? ¿El Mary Lou?
–No. El rock and roll.
–¿Cuál...? ¿El ambientillo?
–No. El rock and roll.
–Ah, sí, eso sí; de toda la vida. ¡Se ponen como locas! Aún me acuerdo...

[...]

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MÚSICA:

Aquí debajo coloco un enlace, en donde, audiovisualmente, se puede ver y escuchar algo de estos asuntos a los que me he referido, una de las tocatas de la Orquesta de Villagarcía de los Caballeros, que, a la postre, se ha convertido en una apología de las mujeres.


domingo, 10 de mayo de 2015

Olla ferroviaria




La olla ferroviaria, en principio, es la que preparaban para su manduca los trabajadores que tendieron los ferrocarriles españoles durante la segunda mitad del siglo XIX. Una de estas líneas, la que discurre entre Alar del Rey y Reinosa –localidades limítrofes entre los dominios del obispado de Burgos y lo que en tiempo fueron las Asturias de Santillana–, se caracteriza por lo desapacible de su meteorología, por lo que es de imaginar que allí el rancho era sustancioso.
Preparar la comida sobre el terreno conlleva arreglarse con lo que se pueda encontrar, y ¿qué se puede encontrar en invierno en tal lugar, ventoso puerto de Pozazal, gélida comarca de Valderredible y los mil y mil páramos del norte de Castilla la Vieja? Berzas, cebollas, patatas, alubias, nabos, algo de caza –en especial, lobo...–, y pare usted de contar. Si vamos a remitirnos (en la escasa medida que las posibilidades del mundo moderno nos brinda) a lo auténtico, podríamos hacer algo parecido a lo que se va a contar.
Se prepara la carne con antelación. No encontraremos lobo, por supuesto, pero podemos arreglarnos con jabalí, venado, corzo, etc., animales todos ellos que figuran en los congeladores de las grandes superficies. (Hay que tener cuidado con lo que se adquiere, pues algunos de estos animales se crían en granjas a base de pienso, por lo que el resultado final puede saber a pollo).
Se hierve la carne durante uno o dos minutos y se desecha ese agua. En la olla rápida ponemos a freír mucha cebolla; doramos la carne, añadimos el agua necesaria (también algo de vino), cerramos y la mantenemos en ella durante una hora.
Aparte se cuece una berza picada acompañada de unos trozos de tocino rancio (y chorizo y morcilla, si se desea); como el tocino aporta mucha grasa, su presencia debe ser puramente testimonial.
En un tercer cacharro se ponen a cocer alubias remojadas y añadidas con un nabo entero y algunos ajos. Cuando las alubias parecen estar tiernas (entre una hora y media y dos horas) se agregan patatas en trozos y algo de la salsa que habrá en la olla en que se ha hecho la carne (procurando deshacerse de la grasa). Se deja que se hagan las patatas durante veinte o veinticinco minutos más.
A continuación se mezclan estas tres preparaciones, añadiendo al puchero de las alubias y patatas, que debe estar holgado y con bastante líquido, la berza necesaria y la carne –en trozos, aunque no va mal deshilachar con los dedos unos cuantos– con la salsa que el guiso precise; no es necesario indicar proporciones, pues su mejor o peor textura se advierte inequívocamente cuando se está haciendo la mezcla. A continuación se le da un último hervor para que los alimentos se integren. Sal, la de las cocineras.
Como todos los cocidos, unas horas de reposo (no digamos una noche) mejoran el potaje sustancialmente.
Hay que recordar que si se guisa la carne el día anterior, y se mantiene una noche en la nevera (en su caldo), a la mañana siguiente podremos retirar con facilidad el exceso de grasa sin variar un ápice el sabor o las propiedades alimenticias.
La olla ferroviaria auténtica debería hacerse de una sola vez, es decir, con fuego de carbón (el carbón de las locomotoras), en un solo cacharro y añadiendo los ingredientes conforme a sus particulares tiempos de cocción, pero me parece que el método descrito es más acorde para las cocinas modernas.

viernes, 10 de abril de 2015

Salamanca



Estos son algunos de los rincones de la ciudad y provincia de Salamanca, lugar que no debe dejar de visitarse al menos una vez cada pocos años. Ese adentrarse en la monumental plaza mayor..., o la carne de sus dehesas... Salamanca es una de las ciudades más bonitas de España, y tonto será el que no pase por allí de vez en cuando y aproveche la visita para recorrer los caminos de la provincia, en donde puede encontrar cosas que en otros lugares ya no existen. 
Aquí debajo pongo algunas fotos, desde las siempre concurridas calles de la ciudad (frente a la Casa de las Conchas), hasta la estación de Bogajo, paraje fantástico e inédito y que bien merece llegarse hasta ella..., pero que nadie crea que con esto se agota el tema. Hay que ir allí, revolver, descubrir y verlo; y de paso, comer en sus restaurantes, que es seguro que descubrirá algo nuevo.


 

 

martes, 10 de febrero de 2015

Esto sí que son fotos pintadas


Érase una vez... que no había photoshop. Sí, porque antes de esta era electrónica que vivimos hubo una larga época en que las cosas se hacían con las manos, y si se trataba de transformar fotos se recurría a pinceles, acuarelas, tijeras, lápices de colores, espráis, rotuladores gordos y finos, kalquitos... ¿Os acordáis de lo que eran los kalquitos?

A mí me dio por ahí, y me harté de emborronar fotografías hasta, con los años, conseguir unos resultados más o menos aceptables, algunos ejemplos de lo cual traigo hoy aquí para que se vea cómo era lo que cuento.

Casi todas las fotos que van a continuación son fotos en blanco y negro y viradas antes de pintar, unas al sepia, otras al azul y sepia, y otras al azul y rosa. El motivo es que se pintan mucho mejor (en realidad, se entonan) si se trabaja sobre copias viradas que sobre las que se dejan en su estado natural.

El enlace para verlo es el siguiente:


sábado, 10 de enero de 2015

Españoles en su salsa, 2


No cabe duda de que España es un país de contrastes, y no sólo en lo paisajístico, sino también en el elemento humano que lo puebla. He aquí tres ejemplos de lo que digo, españoles en su salsa: 1) Gente en un bar de la plaza del Mercado Viejo de Baeza, en la provincia de Jaén (obsérvese el suelo, típico de bar español); 2) Madre e hija en un mercado, y 3) foto a la que se podría denominar: que Dios nos coja confesados (aunque, por lo menos, hace sol).





A este respecto puede verse el siguiente enlace, en donde se amplía esta información:


miércoles, 10 de diciembre de 2014

Paisajes desde la torre del alcázar...

 
... de Segovia, naturalmente, ciudad castellana.

La primera de las fotos describe la iglesia de la Vera Cruz, en las afueras de esta ciudad



... y la segunda es una vista general del caserío y su coronación, la catedral; al fondo se ve la sierra de Guadarrama.

No cabe duda de que este lugar, la torre del alcázar, es un lugar magnífico para hacer fotos, y también, según dicen, para contemplar las puestas de sol, cuyo colorido tiene fama.