FOTOS PINTADAS

jueves, 22 de septiembre de 2016

Cuentos de animales, entre ellos el ratón Pérez



Ya está aquí el primer libro del otoño, y aviso: no son cuentos para niños sino para personas mayores. El que quiera echar una ojeada puede ir a este enlace:


y si se aburre mucho, puede ir a este otro, en donde hay más cosas.

miércoles, 14 de septiembre de 2016

Sobre «Charli en Wonderland»: un párrafo



     Acerca de este libro, cuento de 100.000 palabras que recrea la vida en la segunda mitad del siglo XX, es decir, narración novelada de la historia reciente, aunque parezca una película (júzguese por la portada), ya he dicho varias cosas en este y otros blogs, pero para que quede constancia del lenguaje en que fue escrita y el espíritu que la anima...
     (las hazañas de quienes desde las brumas de la posguerra española, contra viento y marea pusieron en marcha inventos tan revolucionarios como los guateques, las minifaldas, las ganas de juerga, los pantalones vaqueros, los biquinis y el rockandroll –o lo que es lo mismo, enumeración de las hazañas de la generación yeyé, la nacida alrededor de 1950, que aún colea)
    ... y para que nadie piense que este es un cuento normal, como esos que andan rodando por ahí, coloco debajo un párrafo cualquiera (uno que está cerca del final del libro, cuando los protagonistas son algo mayores y la cosa ya va de recogida)  que seguramente arrojará luz al respecto. Aquí se dicen cosas como esta:

     El pijo pijo, el de toda la vida, el del barrio de Salamanca y los pantalones rojos y los zapatos brillantes y de chúpame la punta, que paraba en Mozo y en José Luis y en otros lugares por el estilo, ha tenido descendencia, ha sido sustituido por el pijo lumpen, personaje cuyos abuelos vinieron del pueblo aprovechando la bonanza económica de los años 60 y los planes de desarrollo de los ministros del Opus Dei. Ha sido una gestación larga, de unos treinta o cuarenta años, pero al fin ha dado fruto. Los esforzados e intrépidos viajeros que se apean de las corconeras, las lanchas que vuelven de la playa, traen cara de haberlo pasado muy bien. Son señores y señoras y niños y niñas que han ido a la aventura un día cualquiera de un puente festivo, cuando la ciudad vieja, que ya no es vieja sino renovada, se puebla de trabajadores foráneos que acuden a admirar las bellezas de la bahía y sus alrededores. Todo cambia, la ciudad vieja ya no es vieja, parece que se quemó, que ardió por completo y la han reconstruido, es la urbe reformada, la que aparece en los folletos de las agencias de viajes, ¿no hay ningún barco de vela?, no, porque sólo vienen de vez en cuando, ¡pero aquí sale un cuatro palos...!, sí, pero sabe Dios dónde andará, la foto también es mentira, hay que aprovechar la oportunidad, la Semana Naval acabó hace mucho y no volverá a celebrarse hasta dentro de unos años, o unos lustros, ¡pues vaya timo!, ¿por qué?, eso pasa en todas partes, este es un lugar modesto y no se pueden pedir peras al olmo, además, ¿usted no sabe que verano sólo hay uno en la vida? Por el carril bici se apresuran los osados y aventureros ciclistas con casco y ropa de deporte, también familias enteras, el señor, la señora y el niño que disfrutan del día de holganza que todo obrero tiene varias veces en la vida, eso los niños no lo saben porque en la logse no se dice, pero ya lo aprenderán cuando crezcan, mamá, ¿me compras unas pipas Tijuana?, pues el día de asueto se remata comiendo objetos derivados del petróleo... Sí, todo cambia. ¿Te acuerdas de las fábricas de patatas de la ciudad nueva? Había una en cada manzana, por lo menos, y aparte de las patatas, que estaban buenísimas porque aquello es Castilla y allí no hay humedad, también hacían churros y porras, de los que comimos muchísimos... Bueno, pues hoy no queda ni una sola, hoy priman las de plástico..., y antes se hablaba de los maricones de playa, aquellos que paseaban por la orilla bien engrasados, pero ahora los llaman metrosexuales, y de toda la vida hubo tontos del bote, que han dado paso a los que van por la calle mirando el móvil; parece que tienen furor uterino, o lo que sea. En el ensanche hay bares nuevos, han aprovechado los viejos y los han reformado, uno se llama Las pijas de Florencia y otros llevan nombres por el estilo, pero aquí no los voy a enumerar porque no vale la pena, es un asunto demasiado actual.

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El libro en papel está a disposición de quien quiera leerlo aquí:


y en versión eléctrica (kindle, bajo el sugestivo subtítulo de Culebrón yeyé), aquí:


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Y si a continuación quieren ilustrarse sobre otros libros de este autor (el del presente blog, Camargo Rain, para servir a ustedes), entonces lo que tienen que hacer es entrar aquí:


sábado, 27 de agosto de 2016

Lo que lee la gente



Periódicamente se publican estadísticas sobre este asunto, y si vamos a hacer caso de lo que dicen, resulta que la población española (que es el mercado que conozco un poco) dice en un porcentaje de un 50% (todos los números que expongo son redondos) que le gusta leer, y el 50% de ellos, que lo hace habitualmente. Sin embargo, si se consultan las ventas de editoriales, esto no es cierto. Si el 25% de la población española (40 millones de personas) leyera una media de seis libros al año (que es una miseria, uno cada dos meses, y ni se aproxima a lo de habitualmente), las ventas estarían en 60 millones de ejemplares vendidos al año, lo que no se corresponde con la realidad.
Vamos a suponer que los libros pasan de unos a otros y que se venden sólo la cuarta parte, es decir, 15 millones de ejemplares. Bueno, pues tampoco. Las librerías españolas no venden esa cifra ni hartas de vino.
También están los libros eléctricos, de cuyas estadísticas me hago una cierta idea, y después de echar una ojeada en Amazon, por ejemplo, cuyos números se pueden extender al resto de portales, la cifra es aún más baja, y eso que, en general, son muy baratos. Este mercado es el que crece, y supongo que de aquí a cinco años habrá crecido mucho más.
Y en cuanto a qué se lee, la cosa va por géneros. El preferido es, con mucho, la novela puramente rosa, tipo Corín Tellado. Esto ha sucedido siempre (en la época de la autora citada, hace de 40 a 60 años, sucedía lo mismo) y no hay que extrañarse. Lo que se hace extraño, pero este es otro cantar, es que ahora invistan académicos a los superventas, cosa que no sucedía entonces.
Un género nuevo, que está empezando a tener mucho éxito, es lo que llaman new adults. ¿Y qué es eso? Pues pornografía pura y dura, novelas rosas bien trufadas de sexo explícito, y esto tampoco es nuevo, pues siempre se han hecho ediciones deleznables de novelillas para salid@s. Antiguamente se vendían en los kioscos de periódicos (no en las librerías), y el kiosquero las entregaba en bolsas de plástico para que no se advirtiera el contenido.
Otros géneros que despiertan cierta atención en los lectores son la novela de acción (estilo Marcial Lafuente Estefanía, José Mallorquí y etc., aunque estos autores escribían sobre todo del oeste) y la novela histórica.
Y de todo lo demás, ¿qué? Pues muy poca cosa, o nada. Por ejemplo, en Amazon, para su Kindle, podemos encontrar versiones de los clásicos a precios misérrimos o simplemente regalados (como El Quijote), y las cifras de ventas son muy bajas. Es verdad que este libro no es adecuado para chavales (es un libro para personas mayores, y quien diga lo contrario no lo ha leído), y algo parecido sucede con los demás clásicos, los antiguos (Séneca, Cicerón, Marco Aurelio, Plinio, Estrabón, etc.), o los más recientes, como Galdós, cuyos Episodios Nacionales (fantástica y larguísima novela del más puro género de aventuras, que de la manera más fácil, armónica y entretenida te ilustra sobre la historia de España durante la mayor parte del siglo XIX, unas 10.000 páginas en 46 libros distintos) valen 0,90 € para Kindle (lo digo en serio, no es una broma), y ahí está, sin que casi nadie se digne echarle una ojeada. No importa que Galdós sea un genio de la escritura, sino que como es uno de esos antiguos... En fin, ese es el panorama, y este el espíritu de la actual España lectora.
En definitiva, que eso de que aquí se lee... Que yo sepa, hay un 10% de personas interesadas en esto de la lectura (el resto, como resulta notorio, se dedican al zapping, el fútbol, el cotilleo y la pornografía), y de ese 10% se podría decir que sólo el 10% lee libros instructivos, quedando el 90% restante dedicado a lo más despreciable e insignificante de esta gran diversión que constituye la literatura. Pero bueno, esto tampoco es una novedad: con la música (la más bella de las Bellas Artes) o el cine, sucede otro tanto, fiel reflejo del modelo social que nos contiene.

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Nota medio optimista: mire aquí:

lunes, 22 de agosto de 2016

martes, 16 de agosto de 2016

Trufa sobre compota de pera



Esto es facilísimo de hacer: se hace compota de pera, o sea, se pelan y pican peras (conferencia) y se ponen a cocer en un cazo con un poco de agua y otro poco de azúcar. Si las peras están muy verdes tardan algo más, pero esto es algo que se hace en seguida. Se puede considerar hecho cuando se ha convertido en una masa con barcos; que no se deshaga del todo, que entonces sería mermelada. Y que no esté demasiado dulce, que el sabor a pera es muy bueno.

En un cuenco pequeño se pone un poco de mermelada de lo que sea (de higo, de melocotón, etc.), mejor casera, y sobre ella se añade cantidad suficiente de cacao en polvo (cacao de verdad, nada de sucedáneos). Se añaden un par de galletas y un poco de miel (de la buena, claro), y con el dorso de una cuchara se machaca todo bien de forma que se haga una pasta, una masa. Luego se toman bolitas de esta pasta (que resultará muy pringosa; para que no se pegue a los dedos, mójeselos con agua), que se echan en un plato en el que haya más cacao en polvo, y se hacen rodar sobre él. Ya están hechas las trufas, las cuales, a continuación, se colocan sobre un poco de la compota, o si no, se comen tal cual, ahora de esto, ahora de lo otro..., etc. Vamos, más que comer, lo que suele suceder es que se devoran, que esto es adictivo.

La masa de las trufas también puede llevar un poco de ron o de coñac..., pero muy poco, y si queda demasiado pastosa, un pelín de leche o de agua. 


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jueves, 11 de agosto de 2016

«Charli en Wonderland» o CULEBRÓN YEYÉ, segunda parte, por aquí viene



Del 11 al 15 de agosto, ambos incluidos, podéis bajar gratis (y limpia de bicharracos, puesto que se descarga de la misma fuente) la segunda parte de esta historieta en versión eléctrica, lo que se hace en la siguiente dirección:






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Además, si alguien se está preguntando de qué va esto, puede echar una ojeada a este blog:








y ya puestos, puede mirar esto otro:





domingo, 31 de julio de 2016

Correría por Castilla




Lo que sigue pertenece a uno de mis libros, el que se llama Correría por Castilla y detalla un viaje por los caminos de sirga, aventura en la que me metí durante uno de estos veranos que han transcurrido. Después de escribir un montón de novelas, caigo en la cuenta de que aún no he tocado el género libros de viaje, y me ha divertido hacerlo; claro, que la excursión valió la pena.
Del contenido, unas doscientas y pico páginas, he extraído tres que se sitúan al final, y aquí las pongo a modo de ejemplo. El protagonista protesta, pero no es para menos, pues tras diez días recorriendo campos casi deshabitados y tratando con las gentes castellanas, ¿se imaginan ustedes lo que es volver a la civilización y sus usos? Son asuntos tan dispares que me parece que en realidad refunfuña poco, que mucho más podría decir..., pero, en fin, dejémoslo así por el momento.


[1]

El tramo que recorro no es muy sombreado, aunque paso por una esclusa con su correspondiente y enorme fábrica de harina, esta en plena labor –a juzgar por el ruido–, pero lo que más me sorprende, sobre todo al final, es que conforme me aproximo a la ciudad comienzan a aparecer indicios de lo que llamamos civilización. Sí, porque por aquí la gente no saluda, es curioso. Me cruzo con dos o tres corredores modernos de esos que visten de colores, llevan auriculares y –lo que se deduce de su aspecto– entre col y col frecuentan los gimnasios, y ninguno dice una palabra; ni miran. Ellos, a lo suyo. ¡Qué diferencia con las personas que hasta aquí he encontrado!, porque la gente del campo de Castilla, la gente con la que me crucé en el camino, mira tú por dónde, es de lo más amable que pueda uno imaginar. Todos saludan atentamente, se interesan por lo que haces o dejas de hacer, te aconsejan lo que les parece más conveniente y, llegado el caso, te invitan a tabaco o a una caña.
–Bueno, o a una paella.
–Desde luego; o te llevan a una multitudinaria fiesta del barroco regada con champán e iluminada por un sinnúmero de velas colocadas sobre candelabros.
–Ya. Esto último ha sido el no va más. ¡Menudo colofón!
Y de esta manera, sin hacerme eco del mutismo de quienes están imbuidos por los antipáticos usos de las ciudades, con las imágenes de la fiesta de anoche bailándome ante los ojos hago caso omiso y acelero el paso.
–La verdad es que una rusa bien traída te puede poner los puntos. ¡No sabéis lo que os perdéis, esclavos!

...

[2]

En las terracitas de la gran calle sólo encuentro avisos de comida basura, es el verano en la ciudad y la gente me mira con recelo porque pocas veces se ve a alguien con una mochila a cuestas por vías urbanas.
–Y menos con alpargatas.
–Pues no sé qué tendrán que decir, que esto es lo único que veo que sea genuinamente de la tierra. ¡Menudos traidores! Se han pasado al enemigo... Míralas, todas con bailarinas...
En un paso de cebra se me atraviesa un gracioso que tiene mucha prisa, un calvorota de veintipocos años con camiseta negra de tirantes que va en un descapotable diminuto y hace como que no me ve, va mirando para Cuenca y a lo mejor es verdad que no me ha visto, que mucha cara de espabilado no tiene; lo más seguro es que le hayan dado el carné en una tómbola.
–Ya; hay gente pa todo.
Si uno se fía de las encuestas llega a la conclusión de que el urbanita es un ser muy fino, respetuoso (hay que tener más respeto, dicen a veces con unción los cursis), legal y superguai, y cuyas principales aficiones son la lectura de libros y las audiciones de música refinada, pero a poco que se escarbe resulta que este es un territorio de necios, de ineducados y analfabetos que repiten como cotorras las consignas que aprenden en la tele, y como ovejas se acercan a las urnas el día que les han señalado, y cuyas verdaderas aficiones, como todos sabemos, son en realidad el fútbol, el cotilleo y la pornografía, y luego se atreven a infamar, o lo intentan, las tierras libres que tienen aquí al lado, que ni siquiera conocen, en donde canta la alondra y el águila se remonta, y las hojas de los álamos, y el ruido del agua que corre, llevan a sus últimos extremos las melodías susurrantes que son las únicas que no dañan los oídos... En fin, el mundo al revés.

...

[3]

Pasa una nube.
–Pues hete aquí de nuevo. Se acabó la excursión.
–Ya... Se acabó el camino infinito pleno de lugares solitarios y misteriosos, y los pueblos de piedra, adobe y ladrillo, y las gentes sencillas y bienintencionadas y los animales del mundo casi deshabitado, las rapaces que cuando pasas alzan el vuelo desde las ramas más altas y los pajarillos que sin cesar pían y revuelven con sus continuos juegos, y las ranas que se arrojan al agua ante la presencia extraña... Y los gallos que anuncian el amanecer, y los sapos y las cigarras que cantan por la noche a la luna y las estrellas, el Triángulo del Verano y tantas otras que tardarás en volver a ver...
–Y a los planetas.
–Sí, y a los planetas, y a las estrellas fugaces que de lado a lado del firmamento trazan su rauda luz... Se acabó todo eso, aunque esperemos que lo que se avecina sea tan sólo una situación pasajera, una mínima pausa entre dos revoluciones, porque las revoluciones, lo que son las cosas..., se llevan dentro.


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También se puede ver esto,


esto,


sábado, 23 de julio de 2016

«La cocina española de siempre» para el que lo quiera



Desde el día 26 al día 30 de este mes de julio, ambos incluidos, estará en descarga libre (gratis y sin virus ni troyanos ni bichos de esos) el libro de cocina llamado La cocina española de siempre. Es un libro de recetas, pero de leer, es decir, que lo puedes leer todo seguido, como si fuera una novela, y el resultado es que te entra hambre.

Se puede bajar aquí:






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Y además se puede ver esto, que no es el libro sino parecido:






y esto otro: