jueves, 10 de abril de 2014

A propósito de los garbanzos

Hoy voy a hablar de los garbanzos, legumbre típicamente española y que tanto juego ha dado durante la historia.
El garbanzo es el Cícer arietinum, planta rastrera y propia de Castilla, Zamora, Salamanca...
Algunos escritores extranjeros que viajaron por este país en siglos anteriores, como Alejandro Dumas, los encontraron muy duros..., pero no hay que hacerles caso.

Para cocer en condiciones esta legumbre es preciso hacer uso del bicarbonato. Se añade media cucharadita al agua del remojo, y luego se hacen en la olla a presión (una vez bien espumados, pues se observará que cuando comienzan a cocer aparece muchísima sobre el agua..., pero no hay problema, pues se quita con una espumadera) durante 20 minutos (si son buenos), o media hora si no lo son tanto. Si se hacen en cazuela, como sucede con los garbanzos con acelgas, hay que tenerlos de dos horas y media a tres.

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Potaje de garbanzos con acelgas
Esta forma de cocinar garbanzos es la más adecuada si por razones de edad –o de cualquier otra clase– se quiere que el guiso no tenga grasa. A los niños, cosa rara, les gusta.
Medio kilo de garbanzos remojados con bicarbonato, bastantes acelgas picadas, cebolla, ajo, zanahoria, nabo, patata, salsa de tomate y aceite de oliva.
En una cazuela se ponen a cocer los garbanzos con el agua del remojo, y cuando hierven se espuma. Una vez establecido el hervor se añaden zanahorias en discos, nabos en trozos, una cebolla y varios dientes de ajo, todo picado; muchas acelgas (todo, lo blanco y lo verde) picadas, un buen chorro de aceite de oliva y dos o tres cucharadas de salsa de tomate.
Cuando llevan dos horas cociendo a fuego lento –con la cazuela tapada y que se vea que aquello tiene bastante agua–, se añade una patata entera y se deja otra hora. Al cabo de tres horas debe estar hecho perfectamente, lo que se nota en que los garbanzos siguen enteros pero resultan como mantequilla. A continuación se deja reposar hasta el día siguiente, en que se recalienta (a fuego lento para que no se agarre, aunque como queda con bastante caldo no se suele agarrar) y se come.
Estos garbanzos, una vez hechos, están buenísimos si se mezclan con un poco de purrusalda hecha aparte.

Potaje de garbanzos con espinacas y bacalao
Igual que el anterior pero sin tanta historia de verdura, y media hora de antes de acabar se le añaden unos hilos de bacalao. Algunos dicen que muchos –y que algún trozo entero no le va mal–, pero otros dicen que muy pocos (hilos), que casi no se note.

Garbanzos con calamares (u otros pescados)
Se hacen unos calamares en tinta como se dice en su receta; véase este enlace.
En la olla a presión se hacen garbanzos con mucha agua (para que haga caldo) y una cebolla, ajos y un puerro, todo muy picado. Además se añaden unas zanahorias enteras y unas patatas, y algo de nabo si se tiene; también una hoja de laurel y un poco de aceite de oliva. Deben quedar blandos pero enteros, luego si los garbanzos son buenos y se hacen con bicarbonato, con 15 o 20 minutos tienen de sobra.
Se separa la verdura, pues para la mezcla final sólo se echan los garbanzos que se necesiten, caldo de ellos y una zanahoria cortada en rodajas. El resto se aprovecha para otras cosas, pues quedará más zanahoria, patata, nabo, caldo y garbanzos, con lo que se puede hacer un potaje superior.
Se mezclan ambas preparaciones al recalentarlo para comer. Quedan mejor si los calamares tienen mucha tinta y está la salsa bastante espesa.
Esto pasa por ser típico de Asturias, aunque en Cádiz y otros lugares hacen lo mismo; o si no lo mismo, algo muy parecido.

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Cocido madrileño
Se pone medio kilo de garbanzos en remojo con media cucharadita de bicarbonato durante ocho horas. (Medio kilo dan para una comida de cinco o seis personas, luego actúe en consecuencia).
El día anterior a comer el cocido se hace lo siguiente:
Se cuece en olla exprés ultrarrápida, con más de un litro de agua y durante una hora, medio kilo de morcillo de vaca, un cuarto (muslo y pata) de gallina, un hueso de vaca, otro de jamón muy viejo y salado y una punta grande de jamón. Una mano de cerdo amarrada le da un toque buenísimo, y no digamos unos trozos de rabo de vacuno o cualquier otra carne por la que se tenga capricho.
Cuando pase la hora se deja escapar el vapor, y el contenido de la olla –el caldo y las carnes– se echa en un recipiente. El hueso se tira, aunque si es de buena calidad sirve para comerse el tuétano (colesterol puro) untado en pan.
En la olla vacía, a continuación, se echan los garbanzos (con el agua del remojo, que deberá ser bastante para que aquello quede con caldo, y si no, se añade más) y se pone a cocer destapada. Cuando hierve se espuma completamente, conseguido lo cual se añade una cebolla y varios dientes de ajos (todo picado), un par de zanahorias y un nabo (pelados y enteros). Se tapa, se tienen en la olla durante veinticinco minutos (si los garbanzos son muy buenos, durante veinte), se abre y se deja enfriar.
Mientras se hacen todas estas cosas, con bastante agua y en una cazuela se pone a cocer repollo picado (cantidad a voluntad), un par de patatas medianas peladas y enteras, una morcilla (la mejor es la asturiana) y dos chorizos de los buenos, y cuando todo ello lleve cociendo tres cuartos de hora, un trozo grande de calabaza pelado. Se tiene un cuarto de hora más, y si el repollo está cocido se destapa y se deja enfriar. También deberá quedar con bastante líquido, puesto que es el tercer caldo.
Se deja que se enfríen estas tres preparaciones y, una vez frías, se meten en la nevera para que reposen durante toda la noche.



A la mañana siguiente se recuperan los tres recipientes de la nevera y se desgrasa el caldo de la carne con una cuchara (los otros no). Toda la grasa estará arriba, formando una capa en la superficie, de forma que se quita muy fácilmente (y a continuación se tira, como ya se ha dicho). Luego se limpia la gallina de pieles y huesos y se guarda la carne en trozos lo más grandes posibles.
En una cazuela grande se echan dos cacillos de caldo (o más, eso ya se ve) de cada una de las preparaciones (caldo de la carne, de los garbanzos y del repollo), de forma que haya bastante líquido. A ello se añaden tantos cacillos de garbanzos como comensales, y trozos de carne y demás tropiezos carnívoros (rodaja de chorizo, de morcilla, trozo de jamón, de gallina limpia, etc.) en cantidad similar. Todo ello se calienta, y cuando hierva se baja el fuego al mínimo y se siguen añadiendo trozos, uno por comensal, de la verdura que se haya hecho, zanahoria, nabo, calabaza, patata, etc. En fin, lo que se tenga.
En una sartén, aparte, se rehoga, con bastante ajo y algo de pimentón, el repollo que vaya a usar.
Se deja que se acabe de calentar a fuego mínimo y llega el momento de servirlo.
Cada comensal debe tener ante sí un plato y, encima, un cuenco, aparte cuchara, cuchillo y tenedor. Los cuencos se llenan con el cacillo de caldo hirviente, y se añade en cada uno unos cuantos garbanzos y unos hilos de carne, lo que constituye el primer plato, caldo de cocido, pero caldo de cocido de verdad, no como ese que se ve en tantos sitios.
Una vez tomado el caldo se apartan los cuencos, y en cada plato, con la espumadera para que aquello esté bien escurrido, se colocan suficientes garbanzos humeantes, y alrededor y artísticamente un trozo de carne, un poco de gallina, una rodaja de chorizo, otra de morcilla, un trozo de patata, zanahoria, calabaza y nabo, un poco de «bola», etc., lo que se tenga en la cazuela. Y en el borde del plato, algo de repollo rehogado y escurrido. ¡Que aproveche!
También pueden colocarse los garbanzos secos, es decir, sin caldo –aunque humeantes–, en pirámide en una fuente, y alrededor de ellos las carnes en trozos: la vaca, la gallina, el jamón y el chorizo..., amén de las patatas, zanahorias y nabo, todo artísticamente dispuesto y bien limpio de huesos y pieles. Esta forma de servirlo es más fina, pero tiene el inconveniente de que mientras se toma el caldo se enfría lo que hay en la fuente, y el cocido debe tomarse muy caliente.

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Otros cocidos (lebaniego, maragato, gitano, gallego o de cura)

Cocido lebaniego
Es como el madrileño, pero con garbanzo legítimo de Liébana y cecina de cabra, aparte de todo lo demás. Si no, no sabe a lo que tiene que saber.

Cocido maragato
Igual, pero con productos típicos de la Maragatería. Se come al revés, esto es: de primero natillas; luego carne, garbanzos y verduras, y por fin, de postre, la sopa.

Cocido gitano
Como el madrileño, pero la gallina debe ser robada. (Lo decía Cela en uno de sus libros).

Cocido gallego (o de cura)
Como los anteriores, pero con lacón y orejas y hocico de cerdo. En el Breviario del cocido se dice que, para servirlo, se utilizan tres fuentes. Una lleva el cerdo con la verdura; otra, la carne y la gallina, y, por último, otra con los garbanzos, los chorizos y las patatas.

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Humus
El humus es una especie de puré, o paté, que se hace, sobre todo, con garbanzos; pertenece a la cocina árabe y, aparte de ser de muy fácil confección, le gusta a todo el mundo.
Se toman los garbanzos de uno de esos botes de cristal que venden en los supermercados y vienen ya cocidos, y se lavan en un colador para quitarles todos los conservantes y demás compuestos exóticos. (Por supuesto, es mejor hacerlo con garbanzos cocidos en casa en la olla exprés según se dice más arriba).
Se echan en el vaso de la minipimer, y se añaden 3 dientes de ajo pelados y picados; algo de comino; sal y pimienta; el zumo de un limón; una cucharadita de pimentón; 2 cucharaditas de semillas de sésamo tostadas (las venden en las herboristerías) y aceite de oliva del mejor, un buen chorro o dos.
Se mete la minipimer y se convierte el contenido del vaso en una masa, masa que se come con pan, o también untada sobre trozos de tomate de un tamaño que uno se pueda meter entero en la boca.
Una alternativa es utilizar lentejas en vez de garbanzos; también queda muy bueno.

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Se pueden ver cosas por el estilo en esta dirección:

https://sites.google.com/site/lacocinaespanoladesiempre/



lunes, 10 de marzo de 2014

Mirando al mar


Mirando al mar, título de una canción que cantaba Jorge Sepúlveda allá por los años 50 del pasado siglo, y que creo recordar que Summers utilizó en su Del rosa al amarillo, no deja de ser una expresión harto sugerente y que puede traer a la cabeza sabe Dios cuántas ideas. Yo también hice uso de ella en años anteriores, con motivo de una exposición de fotos de esas que a veces surgen, y puse un montón de fotos de personas mirando al mar. Aquí debajo coloco algunas, que hay gente a la que le gustan estas cosas.


 

 



lunes, 10 de febrero de 2014

El Santander que no todos ven



Santander es una ciudad del norte de España que tiene fama de lluviosa. Nada más lejos de la realidad, pero claro, comparado con los calores de la meseta o los propios de la Andalucía...
Esta es una magnífica ciudad para hacer fotos, y bien que las hacen los turistas (y los no turistas) a todas horas con el móvil. Sin embargo, hay sitios en ella que no conoce todo el mundo, o que no los conocen como aquí se muestran.

En el enlace que va debajo he puesto unas cuantas fotos de esas que pocos sospechan, así que el quiera ilustrarse sobre un punto de vista algo diferente...



Hablando de fotos inusuales, también se puede ir a esta otra dirección:


viernes, 10 de enero de 2014

Las gemelas


Este es un trozo de una historia que he escrito últimamente (ya es la undécima o duodécima, he perdido la cuenta) y se llama «Charli en Wonderland». Es un retrato de la generación española que nació alrededor de 1950 (la generación yeyé), y en ella se cuenta la historia de dos hermanos gemelos, uno de los cuáles (Pancho) tuvo a su vez dos hijas gemelas, las gemes, y el otro (Charli) ningún hijo, sólo sobrinas, que ya lo dice el refrán: a quien Dios no da hijos, el diablo le da sobrinos... Pero esto es una broma, puesto que las niñas (al menos las que aparecen en este libro) son un encanto, y para dejar constancia de ello ahí va una de las elucubraciones de estas elementas, es decir, uno de los capítulos de tan ingente narración, que podría situarse alrededor de la mitad de los años 90 del pasado siglo. La Prudencia que aparece en las líneas que siguen, por decirlo ya todo, es la chica que cuidó de ellas mientras fueron pequeñas, puesto que no tenían madre (se murió en un accidente de coche, episodio que también se cuenta en la novela, aunque no aquí)..., pero no digo más, que con esto está todo explicado. (La foto que antecede es una de las muchísimas que Charli, que era un fotógrafo habilidoso, hizo a las niñas).

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Gemes

Yo soy Carina y mi hermana es Adriana, pero lo que voy a contar lo podría contar igualmente ella porque somos muy parecidas, somos gemelas, o mellizas, bueno, que eso no lo sabe nadie. Ahora soy Adriana, porque ya digo que da igual una cosa que otra, todo depende del color del vestido, o del cristal con que se mire, ¿quién eres?, pues soy Carina y voy a contar por las dos lo que sucedió en la boda de Prudencia, porque ella se casó, al fin, con uno que conocía desde pequeña y con el que llevaba de novia los últimos siete años, a ver si estas niñas crecen pronto, decía él, y ella le contestaba, ¿qué más te da?, si todavía no tenemos piso, pero papá les consiguió uno al lado de su pueblo, y no sé qué cambalaches hizo que les salió baratísimo, era un piso nuevo en un edificio que estaba en mitad del campo, y una tarde fuimos a verlo. ¿Os gusta este?, les preguntó, porque me parece que hay otro más grande, pero no da al sur, y ellos dijeron que sí, que querían aquel, y luego el novio de Prudencia, que se llama Serafín, dijo al jefe, no sabes lo agradecidos que estamos por lo que has hecho, no sabíamos si íbamos a tener dinero para pagarlo, pero esto ya es otra cosa, yo creo que ahora ya podemos, ¿verdad?, y Prudencia dijo, ¡jo, pues vaya regalo...!, tú ya has cumplido para lo de la boda, que si no es por ti..., y papá dijo, déjate de rollos que más me has resuelto tú, que estas niñas estaban sin madre y ese es un papel muy comprometido, hombre, tenían a Charli..., dijo ella, y todos nos reímos, ahora te casas, pero imagino que seguiréis viéndoos, hombre, eso espero, por lo menos hasta que vayan a la universidad, y luego nos fuimos a merendar a casa de los padres de Prudencia, que estaba allí al lado, adonde habíamos ido muchísimos fines de semana, desde pequeñas, cuando ella nos llevaba porque nos quedábamos solas en la casa de la plaza de La Aduana, ¡pero mira quién está aquí...!, Adriana, hija mía, y Carinita..., ¡pero qué guapísimas estáis!, y es que la madre de Prudencia es nuestra abuela, aunque no es como la de Cádiz, claro, es completamente distinta, va siempre vestida de negro y tiene los dedos deformados de trabajar la huerta, ¡ah, ya...!, pero ¿y los tomates?
Aquello sucedió cuando teníamos once años, y a nosotras nos vistió Prudencia con unos trajes de lo más historiado, como con muchos volantes, y le llevamos las arras. Charli hizo las fotos, y cuando estábamos allí, junto a los novios, con la música y todo lo demás, como él estaba detrás del cura, y no le veía, nos hacía muecas para que nos riéramos, y yo miraba a Adriana y ella miraba a otro lado, ¡jo, si es que está loco...!, y luego, en el comedor, nos pusieron cerca de la barra, junto al grifo de la cerveza, Serafín dijo, os ha tocado esta mesa, pero yo creo que es la mejor, y miró a Charli, está al lado del cañero. Mi padre todavía, pero Charli fue con vaqueros y nosotras le dijimos, ¡jo!, pero ¿tú estás mal?, ¿por qué no has traído otros pantalones?, pues porque no tengo, dijo él, y además da igual porque yo soy el fotógrafo y ya se sabe que los artistas somos muy raros, ¿tú crees que alguien se va a extrañar?, si Prudencia me conoce desde antes de que vosotras nacierais..., y además, ¿no os lo creéis?, pues vais a ver, señora madre de Prudencia, estas niñas dicen que vengo muy mal vestido, y ella se rió, ¡pero si eres el mejor de todos, qué tontería!, y nosotras nos miramos, ¿lo dices en serio?, por supuesto, hijas, tu tío es el más vistoso de los que hay por aquí cerca, ¿o no os lo parece a vosotras?, y luego le cogió por la cintura y le dijo, ¿te lo estás pasando bien?, hombre, claro, sobre todo con los langostinos, niñas, si os sobra alguno..., y la madre de Prudencia se reía y le dio a Charli en el culo, anda, anda, que no te confundan estas chavalas, y Charli nos sacó la lengua, ¿lo veis?
Luego, un día en que estábamos en casa, vi a mi padre y a mi tío juntos, estaban de pie en la cocina comiendo anchoas de un tarro y me puse con ellos, y mientras comía intenté explicarles mi punto de vista, pero volví a salir trasquilada, yo les dije, es que vosotros sois unos ordinarios..., y Charli se rió, niña, ¿dónde has aprendido esa palabra?, ¿por qué?, ¿está mal dicha?, no, qué va, está muy bien dicha, pero no se me había ocurrido que la supieras, y añadí, los padres de mis amigas van de corbata, y Charli se rió otra vez, ¿en casa?, ¡ay, no seas pesao...!, y así sucedía casi siempre, que me tomaba el pelo, pero un día él entró en casa sin que le viéramos, entró con su llave, se puso un traje de papá, uno azul oscuro, y camisa limpia y corbata de rayas, todo muy lujoso, volvió a salir y llamó al timbre. Fui a abrir y me encontré a un señor que no conocía..., ¿está don Francisco?, y yo me eché a reír, ¡aaay..., pero mira que eres tonto...!, y le cogí de la mano, entra, entra, que te tienen que ver Adriana y Prudencia, y ellas dijeron, ¡qué guaapo...!, ah, ¿nada más..?, pues sí, que te podías haber cambiado también de zapatos.
Ahora soy Adriana, y una vez que estaba con el violín en la mano Charli me dijo que tocara algo, toca algo, niña, que ya quiero oír algo serio, ¿algo de qué?, pues algo de Vivaldi, por ejemplo, ¿no sabes nada de Vivaldi?, y yo dudé, aunque al fin dije la verdad, sí, pero no tengo técnica suficiente, y Charli se rió, ¿no?, ¿tú que sabes, no tienes técnica suficiente?, ¿pues entonces cómo le llamas a lo mío?, y yo torcí el gesto, es que tú eres un aficionado..., aunque luego rectifiqué, bueno, pero tocas bien, ¿eh?, que a mí me gusta mucho escucharos cuando tocáis juntos..., sobre todo eso de Bach..., ya, el rondeau..., sí, y lo del tico tico...
Y ahora soy las dos, soy dúplice, soy Adrina y Cariana en una sola pieza, y digo que un día Charli nos dijo, venid aquí y haced lo que os diga, el tenía la cámara, a ver, ponte ahí y di a, ¿a?, sí, aaaa..., y ahora di e, eeee..., y ahora di i, y nos lo hizo a las dos, o a mí dos veces, y luego nos enseñó las fotos y en ellas aparecían Cariana y Adrina con cara de susto, ¿de susto?, bueno, y de alegría, con toda clase de caras, ¡huy, qué daño...!, ¿pues qué te pasa?, que me han pisado un pie..., y él dijo, esto son cosas antiguas, de cuando aún no habíais nacido, yo ya lo hacía entonces con otras niñas, y nosotras le miramos escamadas, ¿con otras...?, ¿con cuáles?, pues con una que tuve a mi cargo hace muchos años, era muy guapa, como vosotras, y ella me enseñó..., ¿qué te enseñó?, pues me enseñó lo que sois las niñas, imprevisibles seres de fábula que nunca dicen lo que esperas sino todo lo contrario, facultad que está al alcance de muy pocos, que yo tenía que practicar porque sabía que algún día apareceríais vosotras, ¡sí, anda...!, sí, es la verdad, y os puedo contar cosas más antiguas, ¿queréis oírlo?, sí, a ver, pues recuerdo que otra vez, cuando éramos muy pequeños, debíamos de tener ocho o nueve años, habíamos cogido el tranvía para ir a la casa de la playa, y subió una señora que llevaba pantalones, y el tranviario le dijo que ni hablar, que allí las mujeres no podían ir con pantalones, y la hizo bajarse, y eso que iba con dos niños..., ¿qué os parece?, pero es que aquellos eran otros tiempos, los tiempos del cuplé, y hablando de antigüedades, ¿a que no sabéis lo que es un coño?, y nosotras torcimos el gesto, ¿veis cómo no lo sabéis...?, pues un coño es un mechero de los que había entonces, había un modelo que llevaba una mecha de algo que parecía algodón, a aquellos también los llamaban contra viento y marea porque se encendían aunque hubiera un huracán, y otros que más que mecheros eran chisqueros, estos ya eran muy modernos porque se cargaban con gasolina, y los llamaban así porque, aunque entonces eran el último grito, todo el mundo tenía uno, y cuando alguien lo sacaba, los demás decían, ¡coño!, como el mío..., ¿y queréis que os cuente otra cosa aún más antigua? Pues esto sucedió un día que iba por el pasillo cuando debía de tener siete años, y al pasar junto a él sonó el teléfono, ese teléfono negro que todavía está ahí, y lo cogí y oí, su conferencia con San Sebastián tiene una demora de diez horas.
Ahora ya se os distingue mejor; por ejemplo, tú eres más alta, y por lo tanto, tú más baja, ¿yoooo...?, bueno, un centímetro o dos, que tampoco es demasiado, casi ni se nota, y además te puedes poner tacones para disimular, y ser baja también tiene sus virtudes porque el corazón no tiene que bombear la sangre tan arriba, pues tú eres alto, hombre, depende con quién me compares, si me comparas con Magic Johnson..., ¡anda, mía qué listo...!, y luego Charli, que siempre andaba enredando, se fue en pleno verano a los jardines del palacio de Aranjuez, que según ellos decían debía de ser un lugar maravilloso, todo lleno de fuentes y de flores y de árboles antiquísimos, a escuchar unas cantatas de la época del barroco, eran cantatas de Scarlatti, no puedo faltar, además, allí igual ligo, que va un personal muy raro, y cuando volvió le preguntamos, ¿ligaste con alguien?, pues no, había mucha gente, todos igualmente pijos y saltarines, pero macizas no vi ni una, no deben de andar por estos sitios, aunque la música estuvo muy bien..., ¡jo, y yo aquí, con los exámenes de septiembre!, bueno, pero ya te llevaré, no te preocupes, ¿cuándo?, en cuanto crezcas.

martes, 10 de diciembre de 2013

Si el centro de Santander no hubiera ardido por completo...


¿Y si el centro de Santander no hubiera ardido por completo durante una noche de viento sur huracanado de febrero de 1941?...

Me he inventado una historieta que describe lo que arriba se dice. ¿Cómo más o menos sería hoy el centro de Santander si no hubiera tenido lugar aquel incendio que lo redujo por entero a ruinas, cenizas y escombros?
Pues la plaza del Ayuntamiento, por ejemplo, en vez de ser así, que es su aspecto actual,


sería algo así.


Esta es una entrada «fantástica», aunque algo larga y pesada de meter, así que os dejo la dirección de otro de mis blogs, en donde ya está. Ahí se puede ver.


domingo, 10 de noviembre de 2013

Bares al lado del mar


Es esta una coleccioncilla de fotos atractiva por dos motivos:
el primero, que se trata de bares, institución por excelencia de este país (al menos hasta que se prohibió fumar en sus interiores), pues hace las veces de casino (tertulias y juegos de cartas), sala de espectáculos (TV) y de lectura (periódicos), consulta médica y económica (pues ¿quién no habla allí de sus males?), lugar a propósito para encontrar chicas (y chicos)..., y por último, su verdadero fin, cual es de vigorizar el ánimo y acrecentar los bríos de los parroquianos con el correr del vino y otros líquidos igualmente espirituosos;
y el segundo de estos motivos, que son establecimientos que se encuentran en la misma orilla del mar, lugar que a todo el mundo gusta mucho, si vamos a juzgar por lo que en nuestras tierras sucede durante los meses de julio y agosto. Así que, que sus mercedes lo disfruten (el vino, el verano y las fotos), 





 y no olviden echar una ojeada al siguiente enlace por si encuentran algún otro asunto de su interés:


jueves, 10 de octubre de 2013

El ferrocarril Astillero-Ontaneda




Este era el tren que desde Astillero, cerca de Santander, llegaba hasta Ontaneda. Recorría parte del valle de Piélagos y luego el de Toranzo (Puente Viesgo, Corvera, Borleña...), para finalizar el trayecto en Alceda-Ontaneda, lugar a orillas de río Pas en el que existe un balneario. Pero claro, esto era antes, porque hace ya muchísimos años que desapareció (el ferrocarril), y su trazado es hoy un carril-bici, lo que constituye una buena excursión.
La foto data de 1953 y la hizo mi padre, que era un artista y muy aficionado a las locomotoras y todo lo que con ellas se relaciona.

martes, 10 de septiembre de 2013

Guía turística de España




He colocado en internet una «Guía turística de España» compuesta de fotos y dividida de acuerdo con las diversas regiones geográficas peninsulares: España verde, las mesetas, la costa mediterránea y Andalucía. (Los archipiélagos, Canarias y Baleares, se me han quedado en el tintero, pues sucede que no tengo fotos que me gusten lo suficiente como para añadirlas aquí; más adelante veremos).

He procurado poner un poco de todo (campo, mares, ciudades, calles y plazas, arte, historia, costumbres, montañas y llanuras...), y he pretendido que sea breve, es decir, que se vea rápido. Espero que su contemplación anime a más de uno (incluidos los españoles) a darse una vuelta por este múltiple y heterogéneo país, tan diferente a lo que hay por las cercanías, como corresponde a la península ibérica, que durante la historia ha sido transitada (y casi siempre codiciada) por multitud de civilizaciones, griegos, romanos, pueblos germánicos, mahometanos, etc., los cuales dejaron aquí infinidad de huellas que merecen verse.

El enlace es:


sábado, 10 de agosto de 2013

Gazpachos y vichyssoise

En verano (y en invierno) hay que hacer mucho GAZPACHO, que es muy bueno para la salud (y para las resacas). Además, se puede tomar para comer, que es lo clásico, pero también para cenar (cena ligera y apropiada para los que duermen mal); para desayunar (en ese momento es cuando mejor está), para merendar y entre horas; es decir, cuando a usted le dé la gana, pues se sitúa a medias entre una medicina exquisita y la codiciada pócima de la perenne juventud, eso de lo que tanto se habla pero nadie sabe dónde está. Si le das duramente y sin desmayo, vas rejuveneciendo, y al final se te queda este aspecto, más o menos.



Gazpacho
En un cacharro grande se echa un kilo de tomates rotos, dos pimientos verdes rotos, uno rojo y mediano, una cebolla gorda en trozos, dos o tres dientes de ajo, un pepino pelado y en rodajas, pan duro a su gusto y bastante aceite del mejor, amén de sal y algo de vinagre. Se mete la minipimer y se licúa todo lo que se pueda. También se puede usar la túrmix, si se dispone de ella, o la termomix. A continuación se pasa por el pasapuré para quitarle todo lo que sobre, las pieles sobre todo, pero este paso es optativo: la túrmix lo deja suficientemente líquido, y las pieles tienen muchas vitaminas.
El líquido que sale es el gazpacho. Cuando está bien líquido (si se pasa dos veces por el pasapuré queda mucho más fino) se prueba y se añade aceite, vinagre y sal, si es necesario. Se vuelve a meter la minipimer para que se mezcle todo bien y se pone a punto (de grosor) echándole más o menos agua, o hielo (o caldo; ver más abajo). Esto es a gusto de cada cuál. A unos les gusta más líquido y a otros más espeso.
Algunas alternativas son:
1/ Añadirle una manzana ácida, pelada y pasada por el túrmix con todo lo demás, o fresas, peras, melocotones, melón, sandía, etc. Se puede experimentar con frutas y averiguar cuál es el aroma que más agrada a cada uno. En todo caso, la fruta, con estar buena, le cambia bastante el sabor y es posible que haya a quien no le guste y lo prefiera sin ella.
2/ Añadir una zanahoria en trozos a los ingredientes anteriores antes de triturarlos.
3/ Hacer caldo con una punta de jamón, y una vez frío quitarle escrupulosamente la grasa con una cuchara. A continuación, añadir algo del caldo desgrasado al gazpacho y revolver. Este caldo debe tener un sabor fuerte, es decir, que debe estar concentrado.
4/ Si se cortan tirillas de jamón de Jabugo del tamaño de un palo de cerilla, y se añaden a la taza en que se sirve, das el golpe; hay hasta quien le llama gazpacho de pastor. Y si en vez de tirillas lo que se añaden son lonchas diminutas y del grosor del papel de fumar, también funciona, que el gazpacho con jamón está muy bueno.
Al final, y en el plato de cada uno, se puede adornar (esto va en gustos) con trocitos de tomate, pimiento, cebolla, pan, etc., que hay que tener cortados previamente como para pipirrana.







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Salmorejo
Es muy parecido al gazpacho. El procedimiento es el mismo, machacarlo todo, aunque difiere en los componentes. El salmorejo no es sino ajo, pan y tomate, todo triturado y hecho una pasta –para lo que se puede utilizar la túrmix o la minipimer, aunque lo auténtico sería hacerlo en un mortero y dejarlo bastante pastoso– y añadido de aceite y sal. Debe quedar bastante espeso, y no casi líquido como el gazpacho, y una vez servido en los recipientes en que se vaya a tomar, se adorna por encima con un picadillo de jamón y huevo cocido, amén de unas gotas de aceite crudo.
Hay quien utiliza los mismos elementos que para el gazpacho, lo dicho más cebolla, pepino y pimiento –o sólo alguno de ellos–, pero eso sería un salmorejo sui géneris.
El gazpacho, el salmorejo y la pipirrana, son en principio la misma cosa, es decir, llevan muy parecidos ingredientes, aunque difieren en su consistencia. El gazpacho, tras haberlo triturado todo, debe quedar casi líquido; el salmorejo, pastoso, y la pipirrana más o menos sólida, todo muy picado pero sin aplastarlo.




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Vichyssoise
Se pica una cebolla y se pone a freír en una cazuela con bastante aceite, muy despacio, que no coja color. Cuando está medio frita, algo transparente, se le añade lo blanco y un poco de lo verde de tres o cuatro puerros gordos y picados en rodajas finas, y, encima, dos o tres patatas cortadas en discos finísimos. Esto se deja otros cinco o diez minutos y debe rehogarse todo junto a fuego lento.
Se añade medio litro de caldo de carne (o de gallina; hay que tenerlo previamente preparado) y se hace hervir. El resultado debe cocer cuarenta minutos tapado y a fuego lento. Al cabo se apaga y se deja reposar otros diez minutos.
Entonces se mete la minipimer, se hace un puré gordo y espeso (que huele a puerro que tira p'atrás) y se deja enfriar por medios naturales, es decir, a su aire. Cuando está frío se mete en la nevera.
Cuando se vaya a comer se le añade leche (o nata) en el momento de servir y para darle la consistencia adecuada, que a cada cual le gusta de una forma. Debe quedar blanco y fluido –aunque no tanto como la leche, ni mucho menos– y saber inconfundiblemente a puerro. Lo normal es tomárselo frío. (Es buenísimo para las resacas).




Se pueden ver otras cosas de cocina española en esta dirección:

https://sites.google.com/site/lacocinaespanoladesiempre/

miércoles, 10 de julio de 2013

Foto antigua pintada




Esta foto, que data de los tiempos de Maricastaña
(la hice en el lejano año de 1980 sobre negativo Ilford HP5, que era la película que entonces molaba, y la pinté algunos años después durante una preveraniega noche de inspiración mientras contemplaba las estrellas que se veían desde la ventana de la casa del pueblo –entonces vivía en un pueblo aledaño a Madrid, pero pueblo pueblo, nada de acumulación de adosados y bloques con piscina, como los de ahora...),
me parece muy adecuada para ilustrar qué es esto de las «fotos pintadas» y lo que se hacía en aquellos entonces con las manos, cuando no había photoshop ni ordenadores de ninguna clase, que los tiempos han cambiado que es una barbari...
Esta peña es la que preside la playa de El Camello, en Santander, y poco ha cambiado desde la fecha que dije.

 Otras fotos curiosas pueden verse en esta dirección:


lunes, 10 de junio de 2013

Guía turística de Santander y Cantabria


En la costa norte de España se encuentran la ciudad de Santander y su provincia, hoy conocida como «Comunidad Autónoma de Cantabria». Pongo aquí el enlace a una guía turística que he colocado en internet a disposición de quien quiera verlo. Todo son fotos como la que encabeza esta entrada (el Mirador del Jabalí, en el valle de Polaciones), acompañadas de un par de mapas que ilustran la substancia de este lugar, sito en el corazón de lo que se ha llamado «España verde».

Ahí podéis ver variados aspectos de la costa, las villas marineras, las playas, la ciudad, las montañas, la cordillera cantábrica, los Picos de Europa, las diversas comarcas como Trasmiera, Liébana, Campóo..., los valles perpendiculares a la costa, como el de Toranzo, el de Cabuérniga, el del Miera, etc., y tantos otros lugares y paisajes que hay en esas tierras, que merecen visitarse. Si os gusta la fotografía, podéis hartaros de disparar la cámara.

El enlace es:



 

viernes, 10 de mayo de 2013

Recetas de cocina que aparecen en mis novelas


Estas son recetas de cocina que aparecen en algunos de mis libros, pues en las novelas, en especial si son de aventuras, cabe todo.

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Sobre la vichyssoise.

Esto lo dicen Eduguá y Sandy en La aventura de las luces azules:

Eduguá:
[...] Una de aquellas noches en el Puerto de las Nieves, Louis nos enseñó a los demás a hacer vichyssoise, esa especie de sopa que dicen que inventaron los franceses  y constituye el mejor depurativo de la sangre que nunca he conocido. Nos bebíamos litros. Para desayunar, después de una noche sin dormir, no hay nada que se le pueda comparar; quizá el chocolate con churros y compota de manzana, pero eso allí era difícil de conseguir. A él le había enseñado a hacerla su madre, que era francesa, y luego yo enseñé a otras personas, porque estas cosas no conviene que se pierdan. [...]

Sandy:
[...] Eduguá, además, fue quien me enseñó a hacer vichyssoise; a él le enseñó su amigo Louis, que también estaba muy bien, y a Louis, su madre, que era francesa, de la parte de Lyon. Está tirado. Se cuece en caldo puerro, cebolla y patata, todo picado, y luego se mete la batidora y se le añade leche para aclararlo. La vichyssoise está buenísima fría, sobre todo para desayunar. [...]

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Sobre la fabada:

Receta de fabada que cuenta el Rockero en Crucita y yo:

[...]
Uno de aquellos días Crucita cometió la imprudencia de decir a Monticola lo siguiente.
–Oye, ¿cuándo nos vas a hacer una fabada? Llevas años diciéndome que vas a hacer una y aún no la he probado –y entonces el Rockero hilvanó una de las suyas.
–Hacer una fabada es muy fácil, escúchame bien, yo sólo te digo tres cosas: las fabes deben brillar. Si su piel es mate te han engañado, te han vendido del ejercicio anterior; esa es la primera... Oye, ¿no me has dicho que te lo cuente? Pues escucha. ¿Tú sabes qué es un cerdo granillero? Pues es el cerdo que necesitas, un cerdo que se ha alimentado de las bellotas y castañas caídas en el suelo; esta, la segunda. Te costará encontrarlos, pero cuando tengas ambos ingredientes, ya puedes ponerte a cocinar. Con un poco de cebolla, otro poco de ajo y unos chorros de aceite de oliva, no puedes fallar, te quedará bien hasta el pantruque. Y al final, cuando vayas a servirla, ten en cuenta que las fabes se sacan a la mesa en una sopera del siglo XVIII, una sopera del Barroco; si no, no es lo mismo... ¡Ah!, y la tercera, que se me olvidaba. Si se toma café debe ser de puchero, y, en plan de rizar el rizo, es mejor tomarlo por el culo; hace muchísimo menos daño. Sí, no os riáis. El café, a partir de ciertas edades, es mal admitido por el estómago y se debe tomar directamente por el intestino grueso en forma de lavativa. ¿Os seguís riendo? Bueno, ya os enteraréis de mayores de lo que vale un peine. ¡Qué atrevidas sois las jóvenes! [...]

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Carta de un restaurante y manejos culinarios que Juan Evangelista cita en el último libro de sus aventuras, Perpétuum móbile.

[...]
¿Qué decir, por ejemplo, de las patatas meneás, cuyos únicos condimentos son ingredientes tan humildes como el laurel y el pimentón, o del limón de la Peña de Francia, esa inhabitual ensalada de los días de fiesta en las remotas dehesas de mis antepasados? Aquello, seguramente, se aderezaba ya a finales del siglo XVII, y cuando la probé percibí una oleada de viejos recuerdos que me trasladaron hasta mi más antigua infancia.
Allí estaba el aya, y a su lado la cocinera que oficiaba en casa de mis padres, señora de abundante aspecto y ojos llenos de curiosidad. Las dos me contemplaban con asombro, pues mis tempranas anomalías, de las que tanto dije, eran la mayor preocupación de cuantos habitaban en mi primera morada, pero cuando vieron que aceptaba sin reparos lo que en aquella ocasión habían preparado, que no habían sido pocos los experimentos anteriores que rechacé –y ello sin decir nada de la repugnancia que me provocaba la leche materna–, el clamor nació en el primer piso, ¡el niño ha comido!, ¡el niño ha comido...!, se trasladó a los cuartos de la servidumbre y desde allí llegó a la planta baja, a la ingente cocina y sus dependencias, a la huerta, los cobertizos, almacenes y tinglados que había adosados a la altísima pared de piedra que nos separaba del mundo exterior, y como todo ello sucediera un buen día a la hora del Ángelus, fue tomado como un prodigioso signo de la voluntad divina y celebrado con raciones extras para la servidumbre y el ganado, y poco faltó (ahora que lo pienso) para que repicaran también las campanas de la vecina catedral.
¿Y qué era ello? Antes le di el farragoso nombre de puré de la manzana del amor añadido de tenues, abundantes y transparentes tirillas de jamón, pero hoy, cavilando sobre ello, creo que se le podría aplicar otro más parco y acorde con su índole, cual es el de gazpacho de pastor, pues tal es la forma en que actualmente se conoce esta mixtura en los restaurantes y lujosos paradores de mi país.
Tiempo me faltó, una vez que recordé con precisión semejante episodio, para poner manos a la obra, y armado de batidoras y afilados cuchillos dar punto acertado a tan suculento manjar, por supuesto desconocido en nuestras latitudes, lo que constituyó uno más de los experimentos que por aquellos tiempos llevé a cabo y culminé bautizando como origen de la vida, golosina que disfrutó de perdurable éxito entre la clientela extranjera, que nunca había podido imaginar algo semejante.
Luego inventé la paella de ajo, simple conjunción del arroz mediterráneo y la sopa de ajo, que llegó a mi cabeza como descendida de los cielos durante una de mis habituales ensoñaciones de perpetuo insomne, y más tarde puse a punto la olla ferroviaria, que se componía de carne, patatas, alubias y berza, y que quienes hayan seguido mis pasos recordarán como producto de aquella noche en que, habiendo comenzado a nevar de manera inopinada, nos quedamos atascados en la locomotora del ferrocarril que nos trasladaba por las llanuras norteñas de la provincia de Palencia, cuando hicimos el potaje con carne de lobo.
Pocas comidas de enjundia son típicas del país que entonces me acogía, pero fiado en mis artes y recuerdos, pues una larga vida aporta multitud de conocimientos, transformé la carta que había escrito la negra en historiado documento, y allí se daban cita y se encontraban los orígenes de la vida con el nuégados y el alajú, las costradas con los ajoarrieros y las sopas de bestia cansada, y los lomos y perniles, puro magro añejo de gigantesco cerdo negro como los que en aquellos tiempos hozaban en libertad en los encinares y dehesas de los campos que me vieron nacer, con las chuletas del campo charro, que mis corresponsales de la vieja Miróbriga, con quienes me había puesto en contacto, me enviaban por avión.
Pero no quiero seguir con fastidiosos comentarios acerca de lo que de sí puede dar una cocina, de forma que, saltándonos buena parte de lo que cabría decir, hablemos para finalizar de la leche búlgara.
–Tómese este bebedizo, que le arreglará el cuerpo.
El pipío Marlowe miraba con prevención el vaso que le presentaba.
–¿Qué es esto?
Lactobacíllum bulgáricum con mermelada de tomate. Le aseguro que se parece a la droga de la eterna juventud, y aunque a usted no le importe semejante extremo, le sentará de maravilla a su hígado.
El pipío Marlowe lo probó, hizo una mueca y apuró lo que quedaba. Luego se limpió la boca con el dorso de la mano.
–¿Puede ponerme un poco más? Creo que me vendrá bien antes de las cervezas. Ta güeno, cuñao...
–Sí, claro, y le pondré también un acompañamiento de gajos de mandarina, que es usted cliente distinguido de la casa; ya lo sabe. Además, ¿le parece si nos tomamos esas cervezas en la terraza? Creo que la brisa de hoy nos refrescará.
... pero a la postre mis manejos eran muy limitados, sobre todo si los comparaba con las cosas que pude leer en los libros que trataban tales asuntos, a los que pronto me aficioné. El gran Leonardo da Vinci, por ejemplo, que siempre desatendió su trabajo de artista pues no le producía sino sinsabores, distinguía sobre todas las cosas el artefacto mecánico para confeccionar espaguetis, que era su invento preferido; tenía en la más alta estima su labor como jefe de cocinas de Ludovico Sforza, Gran Duque de Milán, y para los banquetes contrataba a cuantos escultores podía y los empleaba en tallar zanahorias y nabos en forma de caballitos de mar, y, en fin, con ocasión de algún regio y nupcial acontecimiento, confeccionó con mazapán un modelo del Palacio Ducal del tamaño de un campo de tenis. Díganme ustedes si tan altas empresas admiten comparación con mis modestos tejemanejes, pero ello nunca me desanimó y procuré en todo momento superarme. Y ahora, dejémonos de comentarios y prosigamos con el interminable cuento, del que aún restan algunas secuencias.
[...]


También pueden verse estas direcciones:


https://sites.google.com/site/lacocinaespanoladesiempre/

miércoles, 10 de abril de 2013

Santander al final del siglo XVI

En 1575 se publicó en Alemania el libro llamado Civitates orbis terrarum, una colección de postales sobre muchas ciudades europeas, y entre ellas aparece Santander. 


Gracias a semejante circunstancia tenemos una visión de primera mano de cómo era entonces la ciudad, y si a ello le sumamos las numerosas relaciones históricas de todo orden que aún se conservan (registros de ayuntamientos, de parroquias, censos, etc.), podemos intentar trazar un croquis de aquella zona.


Una ampliación de lo que es el recinto amurallado del croquis anterior se puede ver debajo.


El núcleo original de la ciudad, que se remonta a la Alta Edad Media, se instaló a la sombra de la colegiata (hoy catedral), sobre una loma (desaparecida tras el incendio de 1941) que se internaba en las aguas. A un lado quedaba la ría (hoy, calle de Calvo Sotelo), y al otro las aguas de la bahía, y todo ello estaba al socaire de lo que durante mucho tiempo se conoció como la sierra, otra loma bastante más alta que la defendía de los vientos del norte y cuya cumbre no es otra que la que hoy recorre el llamado paseo del Alta o General Dávila.
Tan escaso núcleo, seguramente ocupado por pescadores, fue aumentando de tamaño durante el transcurrir de los siglos, hasta que en el XV lo encontramos amurallado y convertido en una de las más importantes villas del cantábrico, reductos que defendían la costa norte española. Dentro de los muros estaban contenidas la puebla vieja (o alta) y la puebla nueva (o baja), y en el exterior se formaron dos arrabales, el de la Mar (actuales calles del Arrabal, Enmedio y Hernán Cortes hasta la calle del Martillo), y el de Fuera la Puerta (la puerta de San Pedro, una de las de la muralla), que encajaba en lo que hoy es el primer tramo de la calle Alta.
La línea costera de entonces no se correspondía con la actual, pues durante los últimos 400 años se han sucedido los rellenos para ganar terreno a las aguas. Sin embargo, no es difícil adivinar por donde corría en aquellos tiempos, pues basta seguir la curva de nivel. El acantilado sobre la bahía era el declive que desciende desde la actual calle Alta hasta las estaciones, Peña del Cuervo incluida, acantilado que acababa en donde está el Banco de España. Luego entraba una ría por lo que hoy es Calvo Sotelo, y la línea de costa iba por Hernán Cortés hasta la calle del Martillo (delante de este tramo había una playa). Desde allí seguía por Pedrueca, pasaba por detrás de la iglesia de Santa Lucía (que entonces no existía; la plaza de Cañadío era un marjal infecto), salvaba la peña Herbosa, es decir, las calles de Daoiz y Velarde y Peña Herbosa, y acababa en Molnedo, vulgo Casimiro Sainz, en lo que actualmente es entrada del túnel y donde debió de existir otro playazo. Bordeaba luego la peña por la que se empina la calle de Canalejas, y se alargaba hasta la cuesta del Gas. De ahí en adelante era parecido a lo que hoy podemos ver, pues el talud en que se asienta la actual avenida de Reina Victoria (entonces inexistente, por supuesto) era el cantil.
El resto del territorio estaría salpicado aquí y allá por granjas y alquerías dispersas, y tampoco serían raras las huertas que extramuros de la ciudad cultivaran los pobladores, en especial los viñedos, que, mirando al sur, existieron en gran cantidad (según dicen las crónicas).
Y en cuanto a la bahía, esta no presentaría el aspecto actual, sino que abundaría en arenales que cubrirían la mayor parte de su superficie y cambiarían continuamente de lugar con las mareas y las ocasionales avenidas del Miera (río Cubas). La canal, el lugar que se draga para que puedan entrar los barcos mayores, no estaba en donde está hoy, es decir, en medio de las aguas, sino que pasaba junto a la costa, lo que constituía una salvaguardia ante los corsarios y los ataques de franceses, ingleses y holandeses, por aquellos tiempos en perpetua pelea con España, puesto que fue entonces (a finales del s. XVI) cuando se construyeron los castillos de Hano (en la península de La Magdalena) y de San Martín. Este último se encontraba a escasa distancia de la citada canal, y cualquier barco que pretendiera entrar en el puerto había de vérselas con sus cañones, por lo que pocos lo intentaron (1). El arenal de El Puntal (no sé si entonces, pero posteriormente conocido como banco del bergantín), aún hoy continuamente cambiante, probablemente estaría donde lo vemos, aunque sería mucho más extenso, y las rías que desembocan en el fondo de la bahía, las de Solía, Pontejos, Guarnizo, etc., aportarían año tras año el limo que fertiliza... Es seguro, por tanto, que con tal exuberancia de páramos, riberas, marismas y ensenadas, la cantidad y calidad de moluscos, ostras y almejas que se recolectaban en la bahía, sería de las que ya nos gustaría tener hoy.
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(1) En cierta ocasión (hablamos de finales del s. XVI), una flotilla de diez naves holandesas con seiscientos soldados a bordo intentó la aventura de saquear la ciudad, pero los santanderinos les salieron respondones y sucedió lo siguiente: uno de los barcos que intentaron la primera acometida fue desarbolado por los cañonazos del fuerte de San Martín y acabó encallando en los páramos. Ante tal pérdida, y viendo que por allí no podían entrar, desembarcaron en las playas del actual Sardinero, entonces campos de dunas, y se dirigieron hacia la ciudad. Pero no habían contado con que en ella se encontraba una escuadra castellana que había entrado a pertrecharse, en su mayor parte formada por vizcaínos, y mucha gente de armas. La mitad de aquel ejército plantó cara a los holandeses en las cercanías de lo que hoy es Alto de Miranda, que no esperaban semejante resistencia, y la otra mitad descendió hasta la ensenada de El Sardinero y tomó las naves enemigas, escasamente protegidas. El resultado final fue la completa prisión de los soldados asaltantes y la apropiación por la Corona de los barcos de la armada. Uno de los holandeses consiguió eludir el cerco y durante meses fue perseguido como guerrillero por las lomas cercanas, en donde se hizo famoso por sus hazañas y la gran cantidad de hijos que sembró, pero al fin logró escapar y pasar a Indias por el puerto de Lisboa, lo que conocemos por su biografía, Abdomen Lubricatus Terrorum Maris Castellae, extensa y curiosa narración hoy difícil de encontrar.

(En fin, esto último [1] ha sido una broma fruto de la invención, ustedes perdonen..., aunque yo conozco personas en Santander que podrían ser tataranietos del personaje aludido, o sea que la cosa tampoco va tan descaminada).

domingo, 10 de marzo de 2013

Cómo hacer sopa de la buena


Hacer sopa que esté buena es bastante fácil y rápido, contra lo que se suele suponer. Aquí voy a exponer el procedimiento (que es muy parecido) para hacer tres sopas diferentes: de pescado, de cebolla y de gallina.
Lo primero, en cualquier caso, es freír en una cazuela mucha cebolla picada groseramente; no vale la pena perder el tiempo con virguerías, puesto que luego vamos a meter el minipimer. Se puede añadir también ajo y puerro, todo ello picado, y dejarlo que se haga un buen rato (una hora a fuego lento). No hay que estar allí mirando, de forma que esta etapa es descansada.
Una vez conseguido el pochado, que es la base de todo, lo que resta es coser y cantar.

1 - Para la sopa de cebolla: se tritura más o menos lo que hay en la cazuela (minipimer) y se hace puré (tampoco del todo), al que se le añade el caldo del que se disponga. El mejor es el de verduras, pero también vale el de carne; si no se tiene, se echa agua, pero el resultado final no es tan bueno.
Se hace cocer (deberá estar bastante líquido) y se añade zanahoria en rodajas, pan duro en trozos, un puñado de arroz, algo de salsa de tomate (ya hecha) y un par de huevos enteros, que se dejan un cuarto de hora para que se pongan duros; luego se sacan y se dejan enfriar.
Esto se tiene cociendo una hora, más o menos, tapado y a fuego lento, y al final se pican por encima los huevos y se añade, si se quiere, queso rallado o en trozos, que se revuelve en el líquido hirviente para que se deshaga.
Está mejor de un día para otro, por lo que cuando se recaliente, cuidado con el queso, que tiene tendencia a agarrarse al fondo.

2 - Para la sopa de pescado: igual que la anterior, pero se añade caldo de pescado que debe tenerse preparado. Este caldo se hace con cabezas y espinas de rape, merluza, algo de congrio..., etc., aparte de mejillones. Una vez cocido, el caldo se cuela y se utiliza como se dice más arriba, y el pescado se deja enfriar, se limpia de espinas y pieles (de estas cabezas suele salir bastante carne, y si se tiene paciencia para desespinarlo escrupulosamente, del congrio también), y todo ello se añade al final sobre el líquido hirviente.

3 - Para la sopa de gallina: es lo mismo que las anteriores, pero debe tenerse prevenido caldo de gallina (se cuece gallina en la olla exprés durante una hora, el caldo se deja enfriar y se desgrasa, y la carne se desmenuza y se añade al final a la sopa).



Para seguir leyendo cosas parecidas sobre las sopas pueden ir a esta dirección:

https://sites.google.com/site/lacocinaespanoladesiempre/sopas-y-pures

domingo, 10 de febrero de 2013

Lo antiguo y lo moderno


Arquitectura antigua y moderna, fotografía antigua y moderna (la de abajo está hecha con el móvil...). ¿Qué prefiere usted?